POSTURAS
Manuel José Jiménez R., Pbro.
Es un hecho. En el campo de la acción pastoral todos hablamos de cambios y renovación. Sentimos que muchas de las cosas que hacemos hoy día necesitan de una profunda revisión. La catequesis no escapa a esta realidad. De distintas maneras y desde diferentes posturas, buscamos salidas a los límites y restricciones de nuestra acción educativa. Son muchos y variados los aspectos que vemos que no funcionan, que no marchan, que han de cambiar y evolucionar. Incluso, desde esta misma columna y en otros espacios recibo cantidad de percepciones acerca de los mismos. Desde quienes piensan que lo que se pide es un imposible, hasta quienes asumen con firmeza la necesidad de la renovación de la catequesis hacia verdaderos procesos de iniciación cristiana. No obstante algunas miradas ancladas en el pasado, la gran mayoría coincide en la necesidad de plantearnos una profunda renovación. Pero esto a la vez que es positivo, comporta cantidad de preguntas e interrogantes, como por ejemplo: ¿cómo lograrlo? ¿Existe una receta o un modo igualmente válido para todos? ¿Por dónde comenzar? ¿En dónde está el principal problema: en los catequistas, en la familia, en los niños y jóvenes, en las parroquias, en los textos, en el orden de los contenidos, en el contexto? ¿Hasta qué punto ha de llevarnos la necesidad de renovar? ¿A cambiar todo por completo? ¿A comenzar de cero? ¿A hacer algunos retoques? Digamos, como suelen comentarlo algunos, parece que tenemos claro el qué (hacer de la catequesis una acción al servicio de la iniciación cristiana, pero nos hace falta encontrar el cómo (estrategias, caminos, acciones y metodologías concretas).
Para comenzar es necesario decir que nadie tiene la receta mágica, porque además no existe. Si así fuera bastaría conseguirla y copiarla, y asunto arreglado. Las cosas no son tan sencillas. Pero si podemos decir que frente al cambio se pueden tomar dos posturas, que podríamos llamar "evolutiva", la primera, y "generativa, la segunda. La primera consiste en proponerse hacer mejor lo que se viene haciendo. Lo que significa que a la práctica habitual se le introducen poco a poco pequeños cambios que nos ayuden a ir transformándola. Al ser cambios que se orientan a la transformación de la práctica, los mismos no pueden ser tan de forma sino más bien de fondo, aunque implique los primeros. Por ejemplo, un cambio no suficiente es cambiar el orden de los contenidos del mensaje. Pues se pueden cambiar los contenidos en su orden, hasta introducir unos nuevos, y la práctica seguir igual o peor. Al decir que esta postura es evolutiva, queremos decir igualmente que comprende cambios en los distintos factores implicados en nuestra práctica catequística, y que por lo mismo no toma de modo aislado y desarticulado uno de ellos, sino que busca "hacer mejor lo que venimos haciendo" transformando de a poco lo que venimos haciendo.
La postura generativa, por su parte, se orienta a la transformación radical de lo que se viene haciendo. No busca pequeños cambios, ni transformaciones a muy largo plazo. Busca intervenir de una. Asume toda la complejidad de la acción catequística y busca intervenir de modo articulado y coherente sobre todos ellos, de modo que la renovación sea casi inmediata.
A primera vista parecieran dos posturas contrapuestas. Como si de lo que se tratara fuera de asumir una, desechando la otra. Hasta el punto de llegar a entrar en contradicción. Pues puede llevar a pensar, dirán unos, que se trata de acabar con todo lo que hemos hecho y de arrancar de cero como si no hubiéramos hecho nada, y a otros a decir que es mejor ir despacio por el respeto a las personas, pues al fin y al cabo no podemos volver el cristianismo una acción orientada a una elite olvidándonos de la masas. Nosotros creemos que no es así, siempre y cuando tengamos claro que el horizonte si es la "transformación radical" de nuestra acción, así sea comenzando por hacer mejor lo que venimos haciendo. Pero aquí surgen varios problemas: ¿Qué entendemos por hacer mejor lo que venimos haciendo? ¿Hasta que punto el hacer mejor lo que venimos haciendo puede ayudar a transformar nuestra acción e impide quedarnos en simples "paños de agua tibia" que no van a permitir mejorar?
De hecho puede suceder, y en realidad ha sucedido, que hacer mejor lo que venimos haciendo no implica ningún cambio. Solo se aplican soluciones de forma, más no de fondo. Y lo que sucede en verdad es que nada cambia. Es un modo de pensar que intentamos cambiar y renovar, pero nuestros esquemas mentales y nuestras acciones siguen siendo las mismas. Es lo que algunos llaman limitarnos a cambios programáticos, más no paradigmáticos. Y estamos convencidos que esto es insuficiente, y digámoslo, hasta poco útil. Pues cambio programático es aquel que cambia uno que otro detalle, una que otra forma, una que otra cosita, pero en el fondo las cosas siguen igual porque nos interesan que sigan igual, pues no queremos ni desacomodarnos ni desacomodar a nadie. Mientras que cambio "paradigmático", si bien sea planeado y realizado en el tiempo siguiendo ciertas etapas, se orienta a cambiar en serio y en verdad, así implique desacomodarnos. Y lo es porque exige tanto un nuevo modo nuevo de pensar como de hacer. Para comprender mejor esto que venimos diciendo, podríamos aplicarlo al Concilio Vaticano II, donde aparece claro que dicho Concilio buscó cambios "paradigmáticos" en el modo de ser y hacer Iglesia hoy siempre en la fidelidad a Dios, a Cristo y al ser humano, y no simplemente cambios programáticos. Es como si alguien dijera que el mayor cambio (otros dirán el único) que introdujo el Concilio fue el haber permitido la celebración de la misa en todos los idiomas, olvidándose que en el trasfondo a una mirada más honda sobre el ser y el hacer de la Iglesia en el mundo de hoy.
Cuidado pues, porque no sea que estamos hablando de renovación cuando en verdad lo que estamos haciendo es dejar las cosas como están, por las razones que sean, en la que puede primar para nosotros el no perder nuestras comodidades y privilegios. Y no lo olvidemos: El Directorio General para la catequesis nos propone y exige cambios de carácter "paradigmático", y no simplemente "programáticos".
