La catequesis y sus paradojas
Manuel José Jiménez R.
Hoy en la catequesis sucede algo parecido a lo que acontece en la política. Las posiciones son extremas. Se mueven entre el sí y el no; entre el si puede, no importa como y sin garantías, y entre no se puede, porque no hay ningún tipo de garantías. Entre los que aprovechan el momento, no sea que después no se pueda porque no van a volver a nada nunca más, entre los que no hacen nada, porque no hay nada que hacer. Parecemos jugando a los aguinaldos: al si y al no, al preguntar y no contestar. Incluso, a los tres pies, pues no falta quien meta una zancadilla y se tropiece.
Ello explica las paradojas de la catequesis hoy. O es que no deja de ser paradójico que se "prepare" a los sacramentos a personas que no creen y no les interesa creer. O es que no es paradójico que se hagan cursos y cursos, que cumplen con el requisito, que ayudan a cubrir los vacíos presupuéstales de algunas de nuestras organizaciones diocesanas, pero que no ayudan a crecer en la fe. O es que no es paradójico que hablemos una y otra vez de renovación de la pastoral, y seamos los sacerdotes los más reacios a cualquier intento de transformación, ya sea porque creamos que no se puede, ya sea porque pensamos que haciendo algo diferente a como siempre se ha hecho, "la gente" va a volver más, y estaremos perdiendo "momentos valiosos" para evangelizar, y así las sectas nos van a seguir ganando el pulso.
Lo más paradójico de todo esto, es que les estamos ofreciendo catequesis a personas que no la necesitan. Pero que si necesitan otro tipo de acción evangelizadora, otra manera de aproximarnos a ellos, que los disponga, cuando llegue el momento, a participar activamente de la catequesis. ¿Somos conscientes que muchos de los que acuden a pedir sacramentos para ellos y/o para sus hijos, antes de la catequesis propiamente dicha, son sujetos del primer anuncio? ¿Y en ocasiones de otro tipo de acción, previa al primer anuncio, de dialogo y de confrontación con su petición? La catequesis llegará a su momento, si es que llega. Hay que ofrecerle otro tipo de acciones, para que llegue, para que se den las condiciones personales y comunitarias adecuadas. A nadie se le dice si y fácil, ni mucho menos no. A todos se les acompaña en su situación frente a la fe, con la esperanza de que esta crezca. A nadie se le deja abandonado a su suerte. Pero tampoco a todos se les dan cosas para las cuales no están listos. Se trabaja por procesos y de modo procesual. No nos digamos más mentiras. Lo que decimos hoy que son procesos no lo son. Y no lo son porque no se puede hablar de procesos cuando nos mueve el todo o nada, el toma o lo dejas.
Pero más paradójico es aún que los agentes de pastoral sigamos identificando ciudadano y creyente, cuando hoy día ya no es posible. Como si la fe fuera un derecho ciudadano, y no un asunto de opción libre y personal y de un efectivo vinculo comunitario con la Iglesia. El cristiano no nace, se hace. Por esa confusión, los evangelizadores evangelizamos bajo amenazas: me cambio de religión, le pongo una tutela sino me hace la primera comunión de mi hijo. Más lo que se ha visto y lo que habrá que ver. Paradoja, tras paradoja.
Pero más paradójico, si se quiere, es que sigamos llamando catequesis a lo que hacemos, y sigamos tan campantes como si nada. No puede ser catequesis cuando no hay conversión, ni deseo de seguir a Cristo, ni ningún tipo de vínculo comunitario. A todos hay que acompañarlos y evangelizarlos. La catequesis es consecuencia del anuncio misionero eficaz.
Algunos dirán que lo paradójico es que haya paradojas, pues parecen no verlas por ninguna parte. Bueno si, dirán, quizás en la teoría pero no en la realidad. Para ellos las paradojas solo existen en la mente de los teóricos, de los que hablan, de los que estudian y se complican la vida. Lo más paradójico de la catequesis es que no seamos conscientes de sus paradojas. Que paradoja.
