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Principal Programa Académico

 

0.2 Manual del Coordinador ESPAC

0.1 Diseño ESPAC

 

I- Presentación

  II- Visión
 

III- Misión

  IV- Contenidos de la formación
   V- La formación del catequista dentro de la comunidad Parroq.
   VI- Proceso de formación dentro de la metodología ESPAC
   VII- Objetivos de la ESPAC
   VIII- Contenido del Programa ESPAC
  IX- Desarrollo del Proceso
  X- Metodología del Proceso ESPAC
  XI- Espiritalidad del proceso de un catequistas ESPAC
  XII- Los actores del proceso ESPAC

ESCUELA PAROQUIAL DE CATEQUISTAS - ESPAC

0.1 Diseño ESPAC

Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con Él (Jn 1,39)

I – PRESENTACIÓN

1. Escuela.
Hablar de escuela es hablar de maestro, de discípulos y de procesos de formación.

  1. Maestro. Jesús es el Maestro del encuentro con el mundo de los que “andan en tinieblas y en sombras de muerte”, del encuentro con la realidad más profunda de todo ser humano que solo Dios y cada persona conocen, del encuentro con la Iglesia encargada de abrir el camino de la conversión y del seguimiento tras las huellas del Maestro. En la escuela de Jesús se aprende una vida nueva dinamizada por el Espíritu Santo y reflejada en los valores del Reino.

  2. Discípulo es el que habiendo respondido al llamado del Maestro, lo sigue paso a paso por los caminos del Evangelio. La primera invitación que Jesús Maestro hace a quien, de alguna manera, ha tenido un encuentro con Él, es la de ser discípulo suyo, poner sus pasos en sus huellas y formar parte de su comunidad. Él nos llama a cada uno por nuestro nombre para convivir con Él, aprender de Él y enviarnos a continuar su misión salvadora (cf. Mc 3,14-15). Ser discípulo Jesucristo es la mayor alegría de todo bautizado.

  3. Procesos. Identificado con el Maestro, la vida de todo bautizado debe ser un proceso de crecimiento continuo por etapas al impulso del conocimiento de los valores del Reino de Dios, de la celebración de la fe en los sacramentos y del amor en el servicio a los demás a imagen del Buen Samaritano. Este proceso implica un profundo discernimiento del Evangelio y una continua opción por vivirlo y anunciarlo en las diferentes circunstancias de los individuos y de las comunidades. De esta manera, los discípulos de Jesucristo, se capacitan para abrir caminos de vida y esperanza a nuestros pueblos sufrientes por la ignorancia religiosa, el pecado y todo tipo de injusticias.

2. Parroquial.
La parroquia es el espacio donde se forma y se manifiesta de manera especial la comunidad cristiana, donde se congregan en la unidad las diversidades humanas para insertarlas en la universalidad de la Iglesia y donde los cristianos se hacen pueblo de Dios y discípulos de Jesucristo. La parroquia es el ámbito, por excelencia, donde se nace y se crece en la fe y donde el ministerio de la Palabra se hace enseñanza, educación y experiencia de vida; donde el creyente celebra su fe en los sacramentos y donde se vive el amor cristiano en el servicio a los más necesitados de la comunidad. La parroquia es el ámbito propio de la catequesis y de la formación de los catequistas que realizan en ella su ministerio.

3. Catequistas.
El ministerio de la Palabra que se realiza con la catequesis, alcanza su eficacia mediante catequistas debidamente formados en su ser, en su saber y en su saber hacer para las necesidades evangelizadoras del momento histórico y cultural en que vivimos, con sus valores, sus desafíos y sus sombras. La Iglesia se construye con catequistas capaces de impartir no sólo una enseñanza, sino una formación cristiana integral, desarrollando tareas de iniciación, de educación en la fe, de celebración de la fe en sacramentos y de estructuración de la comunidad cristiana. El logro de estos objetivos exige disponer de profesionales en la acción catequística porque es bien sabido que cualquiera acción que no cuente para su realización con personas debidamente capacitadas, se expone al peligro de fracasar.

El Directorio General para la Catequesis (248) afirma que la vinculación a una Escuela de catequistas de base es particularmente importante dentro del proceso formativo de un catequista, porque estas escuelas tienen la finalidad de proporcionar una formación catequética, orgánica y sistemática, de carácter básico y fundamental.

En la ESPAC, durante un tiempo suficientemente prolongado, se cultivan las dimensiones propias de la formación de un catequista, a saber: el mensaje cristiano, el conocimiento del hombre y de su contexto sociocultural y la pedagogía de la fe.

II – VISIÓN

La Escuela Parroquial de Catequistas (ESPAC) se proyecta en el Tercer Milenio como una respuesta a los retos que la Nueva Evangelización plantea a las Iglesias Particulares, dotando a las parroquias de agentes especializados para la evangelización y la catequesis, provistos de la idoneidad humana, espiritual, doctrinal, pedagógica y metodológica exigidas por el Directorio General para la Catequesis, y capaces de educar la fe católica de niños, jóvenes y adultos dentro de la comunidad de fe, de culto y de acción pastoral, en consonancia con la realidad cultural de sus parroquias.

III- MISIÓN

La ESPAC, con la modalidad de una escuela semipresencial, se propone formar, en la parroquia, desde la parroquia y para la parroquia, laicos responsables de su misión evangelizadora en el mundo, y catequistas provistos de los conocimientos básicos en las ciencias bíblico-teológicas y en las ciencias de la educación propias de la catequesis, provistos de la formación humana, cristiana, espiritual y apostólica de un catequista parroquial; habilitándolo en su ser, en su saber y en su saber hacer para desempeñarse eficazmente como pedagogo de la fe y como auténtico discípulo y misionero de Jesucristo dentro de la comunidad parroquial.

IV- CONTENIDOS DE LA FORMACIÓN

1. La formación bíblico-teológica del catequista.
El contenido doctrinal de la formación de un catequista ESPAC es el mismo que él transmitirá, luego, en la catequesis y que se encuentra en las cuatro partes del Catecismo de la Iglesia Católica. Por ello, la Sagrada Escritura es considerada como el alma del proceso y el Catecismo de la Iglesia Católica, como referencia doctrinal fundamental de toda la formación.

Además de discípulo de Jesucristo, de educador y de testigo de la fe, el catequista debe ser maestro que enseña la fe de la Iglesia. Por consiguiente, debe poseer una formación bíblico-teológica que le proporcione un conocimiento del mensaje cristiano articulado en torno al misterio central de la fe que es Jesucristo. El contenido de esta formación comprende los elementos propios de todo proceso orgánico de catequesis, a saber:

  1. Las tres grandes etapas de la Historia de la salvación: Antiguo Testamento, vida de Jesucristo y la historia de la Iglesia;
  2. Los grandes núcleos del mensaje cristiano: el Credo o Símbolo de la fe, la Liturgia, la Moral y la Oración.

Esta formación quiere ser:

  1. Una formación de carácter sintético en la que los diferentes elementos de la fe cristiana puedan ser apreciados en una visión orgánica dentro del conjunto de la jerarquía de las verdades y del desarrollo general del proceso ESPAC.
  2. Una formación dinámica y actualizada que capacite al catequista para dar razón de la esperanza frente al mundo en que vive, no obstante sus graves y complejos problemas.
  3. Una formación de carácter catequético, capaz de iluminar pedagógicamente la vida de las personas con las riquesas y la sabiduría del mensaje cristiano.
  4. Una formación que capacite al catequista, no sólo para transmitir con exactitud el mensaje evangélico, sino para que sus catequizandos logren discernir los valores humanos y espirituales de su cultura, de acuerdo con la fe.

2. La formación en las ciencias humanas auxiliares de la catequesis.
Junto con el conocimiento y el buen empleo de los principios teológico-bíblicos, el catequista debe también conocer y saber emplear las llamadas ciencias auxiliares de la catequesis que le permiten conocer al hombre, la realidad dentro de la que vive y actúa, y la manera de comunicar los contenidos de la fe.

Porque estas disciplinas son auxiliares de la catequesis, deben estar siempre subordinadas a los principios teológico-bíblicos y puestas al servicio de la acción evangelizadora que no es sólo acción humana sino principalmente obra del Espíritu Santo.

Para ello, la ESPAC brinda a los catequistas algunos elementos fundamentales de las ciencias de la educación y de la comunicación, los dinamismos psicológicos propios de toda persona, la psicología evolutiva y las etapas del ciclo vital humano, elementos de psicología religiosa, de antropología, de pedagogía, de metodología, de dinámicas y técnicas de grupo con el fin de que el catequista esté capacitado para situarse y actuar dentro del contexto socio-cultural que afecta la vida de sus catequizandos.

En el estudio de la realidad, los catequistas hacen un análisis teorico-práctico de las condiciones socio-políticas, socio-económicas y socio-religiosas de su entorno, por canto estos elementos de la vida colectiva influyen poderosamente en el proceso de la educación en la fe.

3. La formación pedagógica de los catequistas.
Es propósito de la ESPAC capacitar a sus catequistas para ser educadores del Pueblo de Dios en la fe de la Iglesia, lo cual implica:

  1. Que el catequista adquiera la capacidad de acoger a las personas y el arte de conducir a un grupo humano hacia la madurez en la fe.

  2. Que el catequista desarrolle su estilo propio de dar catequesis, acomodando a su propia personalidad los principios generales de la pedagogía catequética, a partir de los criterios de la pedagogía de Dios en la Historia de la Salvación y de la pedagogía de Cristo-Maestro en el Evangelio.

  3. Que con la metodología de ver, juzgar, actuar, celebrar y evaluar, el catequista se capacite para programar su acción educativa de la fe, ponderando las circunstancias, elaborando planes realistas y, después de realizados, evaluarlos críticamente.

  4. Que el catequsita sepa utilizar con propiedad las técnicas y dinámicas de animación grupal.

  5. Que los catequistas se conviertan en los protagonistas de su propio aprendizaje, mediante la investigación y la creatividad que iluminadas con la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia los conduzca, de la práctica catequística a la práctica de la fe.

V- LA FORMACIÓN DE CATEQUISTAS DENTRO DE LA COMUNIDAD PARROQUIAL

La ESPAC está diseñada para actuar en comunidad, para educar la fe en comunidad y para construir comunidades de fe. Entendemos por comunidad de fe la realización histórica del don de la “communion” (koinonía) que es fruto del Espíritu Santo. La comunidad cristiana es, en efecto, el origen, el lugar y la meta de la catequesis y, por lo mismo, es misión del catequista construir comunidades vivas y participativas. Es en el seno de su comunidad familiar, parroquial y educativa donde el catequista experimenta su vocación y donde alimenta su sentido apostólico. En esta tarea la figura del párroco es fundamental.

VI - PROCESO DE FORMACIÓN DENTRO DE LA METODOLOGÍA ESPAC

El Directorio General para la Catequesis establece como tarea fundamental del catequista acompañar al catequizando a ver, juzgar, actuar, celebrar y evaluar la presencia y la voz de Dios en su acontecer diario. Para realizar esta tarea, la catequesis se vale de dos medios: la experiencia de la vida cristiana y la transmisión del mensaje evangélico. Se trata de que la fe no se quede sólo en conocimientos de la doctrina, sino que se inserte en la experiencia humana en armonía con la propia cultura. Para ello, la educación en la fe, debe hacerse por etapas graduales, es decir, dentro de un proceso llamado Camino de iniciación cristiana o Catecumenado bautismal. Este proceso se estructura de la siguiente manera:

  • Primera etapa. El precatecumenado, caracterizado porque en él tiene lugar el primer anuncio o kerigma en orden a la conversión. Es el tiempo de la Martyria en que por el testimonio de la comunidad se nace a la fe y crece en ella.

Al término de la etapa, hecho el escrutinio, se realiza la entrega del signo de la cruz.

  • Segunda etapa. El catecumenado propiamente dicho, en el que se inicia al creyente en el estilo de vida evangélico mediante una catequesis integral y el testimonio de vida cristiana de la comunidad considerada como el origen, lugar y meta de la fe. Es el tiempo llamado de la Catequesis, de la Diaconía o del servicio al cultivo de la fe en quienes inician su camino hacia Cristo.

Al término de la etapa, hecho el escrutinio, se realiza la entrega del signo de los Evangelios.

  • Tercera etapa. El tiempo de purificación e iluminación llamado también tiempo de la Liturgia por la preparación más intensa a los sacramentos de la iniciación.

Al final de la etapa, hecho el escrutinio, tiene lugar la celebración de los sacramentos de iniciación o la renovación de los mismos si ya fueron recibidos, la entrega del Símbolo de la fe (el Credo) y la Oración del Señor, con el signo de la luz.

  • Cuarta etapa. El tiempo de la mystagogia y de la koinonía, caracterizado por la experiencia de la vida sacramental y la entrada en la comunidad en donde la fe debe ser compartida en comunidad eclesial.

Al término de la etapa, hecho el escrutinio final, se realiza la solemne graduación de los catequistas y reciben el signo de la ESPAC.

Estas etapas, procedentes de la tradición catecumenal de los primeros siglos de la iglesia, inspiran la gradualidad tanto de la formación de los catequistas como de su “Práctica” o “Saber hacer catequístico” al servicio de la formación de la comunidad cristiana.

VII – OBJETIVOS DE LA ESPAC

1. Objetivos generales. Son propósitos de la ESPAC:

  1. Ser un instrumento funcional, práctico y económico al servicio de las Diócesis, las Parroquias y las comunidades critianas para el cumplimiento de la responsabilidad que incumbe a los pastores de procurar que en cada dioceses existan las estructuras y agentes de pastoral necesarios para asegurar de la manera más digna y eficaz la observancia de las disposiciones y disciplina litúrgica, catequética y pastoral de la iniciación cristiana (Pastores gregis 38)

  2. Responder al mandato de la Iglesia a las Iglesias Particulares expresado en Christifideles Laici, Redemptoris Missio, el Directorio General para la Catequesis, Puebla, Santo Domingo, Aparecida N. 13, etc. en lo referente a la responsabilidad de formar evangelizadores laicos responsables de la animación misionera, catecumenal y pastoral de la Diócesis.

  3. Suscitar en las parroquias y comunidades cristianas vocaciones para la catequesis, para el sacerdocio ministerial, para la vida religiosa y para la misión (DGC 233).

  4. Acompañar a quienes se forman para ser catequistas en todos los momentos de su formación personal y en su actividad evangelizadora dentro de la comunidad parroquial para que, como catequsitas especializados, lleguen a ser capaces de responder adecuadamente a los retos y desafíos de la Nueva Evangelización.

  5. Formar catequistas en su ser, en su saber y en su saber hacer, para que sean capaces de animar eficazmente itinerarios catequísticos en los que, a través de las necesarias etapas, expliquen el misterio de Cristo y ayuden al catecúmeno o al catequizando a identificarse con Jesucristo en los sacaramentos de iniciación y en el ejercicio de la caridad (DGC 238).

  6. Guiar procesos para que los agentes de la pastoral catequística, en la Diócesis y en la Parroquia, adquieran una personalidad evangélica y evangelizadora, adecuada a la realidad cultural, socioeconómica, sociopolítica y socioreligiosa de su entorno.

  7. Formar catequistas capaces de coordinar, en la parroquia y en las comunidades cristianas, la catequesis con las demás dimensiones de la acción pastoral a fin de que la acción evangelizadora global sea coherente.

2. Objetivos específicos

  1. Realizar una formación básica cristiana que suscite en jóvenes y mayores la vocación y el compromiso por la Nueva Evangelización y fomente en ellos, vocaciones sacerdotales y religiosas.

  2. Proporcionar a los catequistas una vision integral del hombre que les ayude a promover las relaciones humanas con el trabajo comunitario, y haga crecer en los catequizandos el aprecio por su propia dignidad mediante una farmación individual y comunitaria (Centesimus annus 53 a 61).

  3. Realizar con los catequistas un proceso por etapas, durante un tiempo aproximado de tres años, inspirado en el catecumenado, a través del cual los catequistas recorren gradulmente un camino de precatecumenado, catecumenado, litúrgia y de servicio a la comunidad.

  4. Ofrecer a los catequistas una formación doctrinal, espiritual y pastoral que los capacite para dar testimonio de su fe como agentes espacializados para la evangelización y la misión (RM 73).

  5. Desarrollar en los catequistas habilidades para la adecuada promoción, planeación, coordinación y enseñanza de la catequesis en la parroquia.

  6. Capacitar a los catequistas en el arte de dirigir técnicas y dinámicas de grupo para la integración de pequeñas comunidades que, dentro de los principios de comunión y participación, contribuyan a la formación y dinamización de la comunidad cristiana de la parroquia.

  7. Brindar a los catequistas conocimientos básicos de contenido bíblico, cristológico, eclesiológico, mariológico, moral, litúrgico-sacramental y de la Doctrina Social de la Iglesia, en consonancia con el Catecismo de la Iglesia Católica, que los capacite para comunicar el Mensaje con claridad, fidelidad y competencia doctrinal.

VIII – CONTENIDO CURRICULAR DEL PROGRAMA ESPAC

1. Precatecumenado

1.1 Retiro kerigmático
1.2 Proyecto de vida
1.3 Nivel introductorio
1.4 Conocimiento de la realidad
1.5 Psicología general
1.6 Psicología evolutiva
Escrutinio conclusivo de la Etapa, entrega del signo de la cruz.

2. Catecumenado

2.1 Antropología
2.2 Pedagogía y Metodología catequísticas
2.3 Dinámica y Técnicas de grupo
2.4 Introducción a la Sagrada Escritura (I)
2.5 Sagrada Escritura (II)
2.6 Dios Uno y Trino
2.7 Cristología
2.8 Eclesiología
2.9 Mariología
2.10 Laicado y Ministerios (Seminario)
Escrutinio conclusivo de la Etapa, entrega del signo de los Evangelios.

3. Mystagogia

3.1 La Moral
3.2 El Bautismo
3.3 Confirmación y Eucaristía
3.4 Sacramentos de la Penitencia y de la Unción
3.5 Sacramentos del Orden y Matrimonio
Escrutinio conclusivo de la Etapa, entrega del signo del Espíritu Santo.

4. Ministerialidad

4.1 Liturgia y Nueva Evangelización
4.2 El Ser de la Liturgia
4.3 Los actores en la liturgia
4.4 Los lugares y objetos litúrgicos
4.5 La comunidad litúrgica (seminario)
4.6 Comunidad y cultura cristiana
4.7 Comunidad de fe y comunidad eucarística
4.8 Comunidad ministerial y misionera
4.9 Comunidad y compromiso social (DSI)
Escrutinio conclusivo del Proceso, celebración de los Grados y entrega del signo ESPAC.

IX – DESARROLLO DEL PROCESO

  1. Los encuentros. Designamos con el nombre de “Encuentro” cada uno de los momentos y actividades dentro del Proceso en los que los catequistas se “encuentran”: con Dios, a través de la oración personal y en la vida sacramental; consigo mismos en la oración, la reflexión y el estudio personal; con el grupo en el estudio comunitario, y con la comunidad en la acción pastoral.

  2. El Retiro kerigmático. El Retiro es el punto de partida y la base sólida del poceso. En el Retiro, el aspirante a ser catequista, descubre el amor salvador de Dios que lo invita a la conversion personal y a la adhesión a Jesucristo mediante la respuesta personal de su fe.

  3. El Proyecto de Vida es un proceso de conocimiento profundo de la propia persona, una toma de conciencia de los propios valores y la adopción de unos propósitos en orden a trabajar por estructurar en sí mismo el perfil de un auténtico discípulo y misionero de Jesucristo. El Proyecto de Vida, una vez consignado por escrito, es actualizado y evaluado permanentemente a medida que el aspirante avanza en su proceso mediante el estudio de los Módulos en las cuatro etapas y los encuentros con Dios en la oración, con el grupo en el estudio comunitario, con el párroco en la asesoría y dirección espiritual y con los catequizandos en la práctica catequística.

  4. Matrícula. Concluído el retiro kerigmático y el Proyecto de Vida, el futuro catequista está motivado para hacer una opción consciente por Jesucristo y para iniciar el proceso de formación que le propone la ESPAC. Es entonces cuando decide inscribirse dentro del número de los que escuchando la gracia de la vocación deciden seguir a Jesús como discípulos y futuros misioneros.

  5. Los Módulos. Los 26 Módulos, excepto los 4 Seminarios, tienen el siguiente esquema:
    - Título del Encuentro: designa el número y el título de cada encuentro.
    - Itinerario del Encuentro: traza el camino del encuentro, su contenido y los aspectos para la autoevaluación al finalizar el Encuentro.

1. ESTUDIO PERSONAL.
Guiado por los itinerarios, el catequista dedicará el tiempo que se le indica para la escucha de la Palabra o Lectio Divina, la reflexión doctrinal sobre el tema, el compromiso personal y la investigación. Estas cuatro actividades le exigen al catequista un tiempo mínimo de dos a tres horas, continuas o duscontinuas, y puede realizarlas en el lugar y a la hora que le resulte más conveniente, de acuerdo con las indicaciones que le dá la ESPAC acerca de cómo estudiar. Es este un trabajo de gran responsabilidad y de sincera honradez sin el cual le será imposible participar, luego, en el trabajo grupal y realizar el proceso dentro de la ESPAC. Comprende cuatro pasos:

  1. La Lectio Divina hecha a partir del texto propuesto para el Encuentro y siguiendo los pasos: lctura ddl texto, meditación, contemplación, oración y propósito.

  2. La Reflexión sobre el tema o estudio del marco doctrinal del Encuentro.

  3. La investigación permite al catequista ir conociendo progresivamente la realidad sociorreligiosa y moral de la parroquia, sus causas, sus efectos, sus tendencias y la respuesta pastoral que individualmente y en grupo los catequistas deberán dar a la realidad investigada. La acumulación de las investigaciones en el Cuaderno de investigaciones, brinda al catequista una visión panorámica de la realidad de la parroquia en orden a la elaboración de su Proyecto de Grado en la cuarta etapa del proceso.

  4. El compromiso personal resultante de la Lectio divina, de la Reflexión sobre el tema y de la Investigación, requiere por parte de cada uno un seguimiento que debe ser consignado por escrito en el “Diario personal del catequista”. El compromiso personal puede ser, también, un aporte muy valioso para el compomiso del grupo y debe ser evaluado periódicamente por el catequista para garantizar su cumplimiento y enriqucer o reorientar su proyecto de vida.

2. ESTUDIO EN COMUNIDAD.
Es elemento esencial e imprescindible del proceso en la ESPAC; de su participación constante y activa dependen los créditos para el grado final.

Bajo la guía y moderación del coordinador del grupo y con la participación de los demás liderazgos, (el ambientador, el cronometrista, el animador y el evaluador), el Encuentro se realiza con los siguientes nueve pasos:

  1. El canto es un subsidio de inmenso valor para la catequesis y para la pastoral en general.

  2. La Lectio divina compartida o escucha de la Palabra en comunidad, es uno de los dos fundamentos esenciales de la formación bíblica de los catequistas; de la integración del grupo y de la estructuración de toda comunidad cristiana que son: la Palabra de Dios y la Eucaristía. La Lectio Divina permite descubrir el plan de Dios sobre la vida de cada uno y del grupo, conduce a la conversión, a la intimidad con Dios y al testimonio.

  3. La lectura patrística y la lectura de los documentos del Magisterio de la Iglesia son partes integrantes de la Tradición viva de la Iglesia que junto con la Sagrada Escritura, contienen la Revelación que debe conocer y hacer vida todo catequista.

  4. Las dinámicas de grupo miran a la integración socio-afectiva del grupo y ayudan al mejor conocimiento y aprecio de sus integrantes;

  5. Las técnicas de grupo son subsidios para la mejor comprensión y asimilación de la temática del encuentro y maneras de trabajar metodológica y didácticamente los diferentes temas.

  6. La puesta en común de la investigación es un momento importante del estudio en comunidad por cuanto lleva al grupo a sacar conclusiones sobre las urgencias pastorales de la comunidad y las acciones que se deben adoptar. La investigación, debatida en común, ayuda a los catequistas a realizar una catequesis adaptada a la realidad socio-cultural de los catequizandos. El conjunto de las investigaciones consignadas en el cuaderno de investigaciones, es un recurso de gran valor en el momento en que el catequista debe hacer su “Proyecto de grado”.

  7. La síntesis del encuentro facilita retener en la memoria lo fundamental del contenido doctrinal del Encuentro para su autoevaluación posterior.

  8. El compromiso de grupo, como expresión de una espiritualidad de comunión y participación, lleva al grupo a orientar, de manera concreta, su acción misionera sobre la comunidad parroquial.

  9. La coevaluación, la heteroevaluación y la autoevaluación
    permiten constatar los progresos o deficiencias en el desarrollo del proceso individual y/o comunitario para dinamizarlos o reorientarlos.

6. El Manual del Catequista es el instrumento del saber hacer pedagógico del catequista y una ayuda para llevar a la práctica lo estudiado y vivido en cada uno de los 120 Encuentros de los treinta Módulos, con la metodología de ver, juzgar, actuar, evaluar y celebrar. Contiene material para las catequesis de iniciación con adultos y para catequesis con niños de 7 a 12 años, así:

  1. 1. Bajo el título “36 pasos por el camino de la iniciación cristiana de adultos”, el Manual contiene la exposición catequística de lo que la ESPAC entiende como proceso de iniciación en la fe de adultos no bautizados; de bautizados alejados de la práctica de la vida cristiana que buscan acercarse, descubrir los contenidos de la fe y vivirla en los sacramentos de iniciación; y de padres y padrinos que piden los sacramentos de iniciación para sus hijos menores.

  2. Bajo el título “36 pasos por el camino de iniciación cristiana de niños”, el Manual ofrece una serie de 36 catequesis que, a partir de los valores humanos familiares, sociales y ambientales, conducen a los niños por el camino del discipulado cristiano al sacramento de la penitencia y a la primera Eucaristía.

X - METODOLOGÍA DEL PROCESO ESPAC

Los Módulos, el Manual de Prácticas del Catequista y el proceso en general, siguen la metodología de ver, juzgar, actuar, evaluar y celebrar.

Ver. Se trata de un ver personal y grupal sobre el contorno y el entorno del catequista y de los catequizandos. Esto lo realiza cada catequista a través de la investigación de un hecho de la vida real. Esta actividad es imprescindible en cada Encuentro del proceso formativo. Los datos positivos y negativos obtenidos en la investigación individual y consignados en el cuaderno de investogaciones, la experiencia de la Lectio Divina y el contenido doctrinal de cada Encuentro son sometidos a deliberación en grupo para de ahí adoptar un compromiso colectivo de acción.

Juzgar. Iluminados por la Lectio Divina y confrontado el hecho, objeto de la investigación, con el marco doctrinal de la Reflexión sobre el tema, los catequistas están en capacidad de juzgar la realidad con criterios bíblico-catequísticos.

Actuar. Los pasos anteriores de ver y juzgar, conducen a cada catequista y al grupo a tomar posiciones y a emprender las acciones más adecuadas.

Evaluar. Avanzar dentro del proceso ESPAC y lograr sus objetivos exige una evaluación permanente que refleje el nivel de formación alcanzado por cada catequista y por el grupo en cada momento del proceso. La evaluación debe reflejar el resultado de los aprendizajes, de las calidades humanas, espirituales y pastorales logrados en cada Módulo, en cada Encuentro y en cada Etapa del Proceso.

La ESPAC ha adoptado un sistema de evaluación cualitativa a partir de los itinerarios señalados para cada Encuentro, que abarcan los aspectos cognitivo, volitivo-afectivo, operativo y celebrativo. La constatación de los logros obtenidos en cada Encuentro por cada catequista y por el grupo, se hace mediante una revisión y un consenso grupal a partir de los itinerarios, guiados por el Evaluador. La apreciación final deberá reflejar los aspectos positivos y las deficiencies dentro del proceso de aprendizaje de los contenidos y del crecimiento en la espiritualidad y en el compromiso apostólico de cada uno y del grupo. Por lo tanto, la evaluación no es el resultado de una única instancia numérica, sino de la ponderación individual y grupal de todas las evidencias constatadas en forma continua, veraz y cordial, en cada Encuentro y durante la totalidad del proceso de formación. La evaluación se realiza en tres instancias:

1. La coevaluación.
Es la revisión mutua del proceso que hacen los integrantes del grupo dentro de un clima de aceptación, humildad y ayuda mutuas, poniendo al servicio del grupo las capacidades de cada uno expresadas en el ejercicio de los liderazgos, los logros y las deficiencias en lo cognitivo y participativo para superarlas con la ayuda de todos; es un momento de mutuo aprendizaje y de valoración de lo esencial, de superación del grupo y de ayuda interpersonal.

2. La autoevaluación.
La autoevaluación es la revision personal que cada catequista hace de sí mismo, frente a Dios y su conciencia, a partir de los itinerarios propuestos para cada Encuentro. Es este un aspecto muy importante del proceso evaluativo de un catequista en formación.

La autoevaluación permite constatar la calidad de los conocimientos, el desarrollo del Proyecto de Vida y la formación espiritual y apostólica adquirida por el catequista. La suma de autoevaluaciones de la totalidad de los Encuentros dan al catequista los créditos necesarios para su grado al final de las cuatro Etapas.

Corresponde al Coordinador valorar la autoevaluación de cada catequista y consignar los resultados en el formato que le suministra la ESPAC con destino al Delegado Diocesano. De esta forma el Obispo, a través de su delegado, podrá constatar los progresos, los estancamientos o los retrocesos del proceso individual y de la vida del grupo. A partir de esta constatación, el Delegado con su Consejo Académico deberán, luego, digitar y conservar los datos en el sistema electrónico llamado SIRAC.

Una buena valoración de las autoevaluaciones por parte del Coordinador, del Delegado Diocesano y su Consejo, pemite conocer la calidad del grupo y de los catequistas en relación con el ser, el saber y el saber hacer frente a Dios, frente a sí mismos y frente a su entorno familiar y comunitario.

3. Los escrutinios.
Al término de cada etapa los escrutinios buscan rectificar la intención y mover la voluntad de los catequistas para que vivan más fielmente sus renuncias y compromisos bautismales, se unan más estrechamente a Jesucristo y prosigan con mayor decisión su esfuerzo por amar a Dios y servir a los hermanos mediante el ministerio de la catequesis. Los escrutinios son, igualmente ocasión para que el párroco tome decisiones frente al proceso vocacional y formativo de los catequistas.

En relación con la Evaluación, la Coevaluación y la Autoevaluación, los Escrutinios son de gran importancia, porque:

  • Permiten alcanzar, mediante la proclamación de la Palabra de Dios, la meditación, la contemplación y la oración, las gracias y la fuerza necesarias para proseguir el camino de discípulos de Jesucristo.

  • Son momentos de gracia para alcanzar la misericordia de Dios y practicarla unos con otros.

  • Permiten revisar y precisar el cumplimiento de los compromisos personales y grupales.

  • Llevan al reconocimiento humilde de las fallas personales y grupales durante la etapa que termina para proseguir el proceso con propósitos renovados.

  • Son ocasión para compartir fraternalmente los logros y las deficiencias.

  • Conducen a corregir fallas y a adoptar compromisos frente a la etapa que se inicia.

  • En tiempo de los Padres de la Iglesia, los catecúmenos debían celebrar tres "escrutinios", que tenían lugar en las misas de los domingos Tercero, Cuarto y Quinto de Cuaresma. El primer escrutinio se realizaba guiados por el Evangelio de la samaritana; el segundo, por el Evangelio del ciego de nacimiento y el tercero, por el Evangelio de Lázaro.

En nuestro caso, los escrutinios son cuatro, al finalizar cada una de las cuatro etapas del proceso y su realización exige:

  1. Fijar con la debida antelación la fecha y el lugar de acuerdo con el párroco y el coordinador.
  2. Disponer el lugar frente al sagrario o en sitio que favorezca la oración, la reflexión y la deliberación en la presencia de Dios.
  3. Disponer del material acedémico necesario y los demás elementos requeridos, según el momento y el número de participantes en una convivencia que puede ser prolongada.
  4. Presentar, por parte del coordinador, los puntos para evaluar, con el esquema: ver, juzgar, actuar y celebrar; ser, saber y saber hacer.
  5. El coordinador se evalúa primeramente, luego los demás liderazgos y finalmente los demás miembros del grupo, en forma espontánea.
  6. Emplear la metodología de la lectio divina con dos posibilidades:

1) adoptando los textos utilizados en el proceso catecumenal de los primeros siglos en un ambiente cuaresmal, así:

Primer escrutinio (Jn 1, 35-51)
Segundo escrutinio (Jn 4, 5-42)
Tercer escrutinio (Jn 9, 1-41)
Cuarto escrutinio (Jn 11, 1-45)

2) adoptando los textos que el grupo, guiado por el Coordinador, considere que mejor pueden iluminar el Escrutinio en relación con el proceso de discipulado cristiano presentado por los Evangelios Sinópticos, san Juan o Hechos de los Apóstoles y procediendo con:

  • Trabajo individual. Concluída la Lectio Divina se proponen los puntos objeto de evaluación.

  • Trabajo grupal: presentación de cada uno con el reconocimiento humilde de sus logros, deficiencias y compromisos pendientes en relación con su seguimiento de Jesús como discípulo. Puesta en común de la evaluación de los liderazgos y de los catequistas y respetuosas observaciones al respecto. Pronunciamiento del párroco y del coordinador, conclusiones, compromisos, oración a la Santísima Virgen María Reina de los Apóstoles y bendición por parte del párroco.

Celebrar.
La celebración, en la catequesis es una expresión de fe mediante una acción ritual que lleva a compartir los sentimientos más íntimos y proyectarlos en la vida del grupo de catequistas.

La palabra celebración expresa la modalidad con la que un grupo acoge un acontecimiento y reacciona ante él festivamente. El hecho de celebrar responde a una necesidad natural de las personas como seres espirituales, cargados de sentimientos, afectos y, como seres-en-relación.

Toda celebración se realiza utilizando símbolos, signos, palabras y actos manifestativos del gozo interior. La celebración se convierte en fiesta cuando el acontecimiento celebrado adquiere una dimensión comunitaria, con la participción de muchos.

Celebración de la entrega de los signos
Al término de cada etapa el párroco en celebración litúrgica o paralitúrgica, hace entrega del signo correspondiente de la etapa resaltando su significado espiritual, así:

- Primera etapa, el signo de la cruz.
- Segunda etapa, la Palabra de Dios.
- Tercera etapa, los dones del Espíritu Santo, en especial el de Fortaleza
- Cuarta etapa, la medalla logotipo de la ESPAC, en la ceremonia de
grados.

Hechos los escrutinios se podrá constatar: la calidad de cada catequista en su ser, en su saber y en su saber hacer, su sentido de pertenencia al grupo, a la parroquia y a la Iglesia y su fidelidad en el proceso de maduración humana y cristiana.

XI – ESPIRITUALIDAD DEL PROCESO DE FORMACIÓN
DE UN CATEQUISTA ESPAC

“Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí (en el Jordán) con dos de sus discípulos (Juan y Andrés). Fijándose en Jesús que pasaba, les dice: He ahí el Cordero de Dios. Los dos discípulos lo oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que lo seguían, les dice: ¿Qué buscáis? Ellos le respondieron: Maestro, ¿dónde vives? Les respondió: Venid y lo veréis. Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con Él aquel día. Andrés, el hermano de Simón Pedro era uno de los que habían seguido a Jesús. Este se encuentra con su hermano Simón y le dice: Hemos encontrado al Mesías (Jn 1, 35-41).

1. El hilo conductor de la espiritualidad en la ESPAC, que define las cuatro etapas, es este texto de la vocación de los primeros discípulos en el evangelio de San Juan:

Primera Etapa: “Jesús, al ver que lo seguían les dice ¿Qué buscáis?

Segunda Etapa: “Ellos le dijeron: Maestro, ¿dónde vives? - ¡Venid y lo veréis!

Tercera Etapa: “Fueron, vieron donde vivía y se quedaron con Él aquel día”

Cuarta Etapa: “Hemos encontrado al Mesías”

2. La espiritualidad propia de un catequista ESPAC esta expresada en el lema y en el logotipo de la Escuela Parroquial de Catequistas, vividos a lo largo de todo el Proceso:

A Cristo, centro y Señor de la historia,
lo conocemos en las Sagradas Escrituras y
por ellas en Él creemos,
lo vivimos en la Eucaristía,
lo amamos y servimos en los hermanos,
y lo anunciamos en comunidad.

Explicación

CRISTO ES EL CENTRO Y SEÑOR DE LA HISTORIA

En su acontecer histórico y en su presencia más allá de la historia hasta la consumación de los tiempos, Cristo es la culminación de la Revelación. Él abarca toda la historia humana y lo hace presente a lo largo del tiempo y del espacio construyendo, como Salvador, la historia el Reino de Dios. La sombra de la Cruz gloriosa de Cristo triunfador de la muerte, es la irradiación de la Pascua del Señor que se proyecta salvíficamente en todos los momentos de la historia de la salvación.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.
(Ap 9,10-12)

Esta espiritualidad eminentemente cristocéntrica la entienden y la viven los catequistas ESPAC en los siguientes seis verbos:

CONOCER

“A Cristo lo conocemos en las Sagradas Escrituras”

Dios no nos da a conocer a Jesucristo de manera directa: quiere que Él se nos manifieste a través de la Iglesia. Para ello, creó para su Hijo un cuerpo que fuera la expresión de su condición de Hijo de Dios e Hijo del hombre. Mediante el cuerpo de Cristo, Dios nos dió a conocer su infinito amor de Padre: “Quien me ve a mí, ve al Padre”. Ese cuerpo, nacido de la Virgen María, fue creado para Cristo y no tiene otra finalidad, otra razón de ser sino Cristo. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo que existe desde antes de que todo existiera: el misterio de la Iglesia estuvo escondido en Cristo desde la eternidad, porque la Iglesia es parte de Cristo. Es por el ministerio profético de la Iglesia como Cristo puede ser conocido tal como el Padre nos lo dio a conocer.

“El es imagen de Dios invisible, primogénito de toda la creación,
porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles,
los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades:
todo fue creado por él y para él.
Él existe con anterioridad a todo y todo tiene en él su consitencia.
Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
Él es el primogénito de entre los muertos, para que sea él, el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la Plenitud y reconciliar por él y para él todas las cosas.
(Col 1, 15-20)

CREER

“Por las Escrituras, creemos en Cristo”

Aspirante a ser un discípulo de Cristo y un catequista integral, es todo aquel que guiado por las Sagradas Escrituras ha sabido unir Dios, Cristo y la vida; es aquel que ha entrado en comunión con el Padre y el Hijo en el amor del Espíritu Santo; es aquel cuya existencia en el mundo ha sido transformada porque ha llegado a ser una nueva criatura en Cristo, pasando de la muerte a la vida. La fe de un catequista no es solo la aceptación pasiva del Credo o de las normas de la Iglesia; es su compromiso en el combate difícil y encarnizado de todos los días por Dios y por la Verdad que Él le ha dado a conocer. Creer no es cómodo porque exige disponibilidad sin condiciones para una lucha concreta, constante y sacrificada en busca de la meta señalada para los hombres y las mujeres que ama el Señor. Creer en Cristo es comprometerse con su proyecto de salvación hasta la muerte. La fe del catequista es su respuesta libre a la vocación, a ser discípulo de Jesucristo y pregonero de su Evangelio.

"La vida eterna es que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero,
y a tu enviado, Jesucristo" (Jn 17, 3).

VIVIR

“A Cristo lo vivimos en la Eucaristía”

La Iglesia vive de la Eucaristía. Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que es el núcleo del misterio de la Iglesia. En la Eucaristía, la Iglesia experimenta con alegría cómo se realiza la promesa del Señor: He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,20). La Iglesia se alegra de esta presencia ante la transformación del pan y del vino en el cuerpo y la sangre de su Señor. Este divino sacramento marca los días de la Iglesia y hace que de domingo en domingo, el catequista y la comunidad vayan cnstruyendo, con confianza y esperanza, el Reino de Dios en la tierra como anticipo del Reino Eterno.

Yo soy el pan de la vida.
Yo soy el pan vivo que bajó del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que yo le voy a dar es mi carne para la vida del mundo
(Jn 6,48-51)

AMAR

“A Cristo lo amamos en nuestros hermanos”

La caridad es la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación: los hambrientos han de ser saciados, los desnudos vestidos, los enfermos atendidos, los prisioneros visitados, los que no conocen a Dios, ser evangelizados; los que necesitan crecer en la fe, ser catequizados; los que se esfuerzan por vivir cada día más fielmente la Pascua del Señor, ser respetados como santos. Pero, quienes prestan una ayuda como estas, han de ser formados de manera que sepan hacer lo más apropiado. Quienes trabajan al servicio de la catequesis deben distinguirse por una atención que sale del corazón. Por eso necesitan una formación del corazón que los guíe hacia un encuentro con Dios en Cristo, que suscite en ellos el amor y abra su espíritu de modo que el amor al prójimo sea una consecuencia que se desprende de una fe que actúa por la caridad (cf. Ga 5, 6).

“Este es mi mandamiento:
que os ameis unos a otros como yo os he amado.
Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Lo que os mando es que os ameis unos a otros como yo os he amado”
(Jn 15, 12-17)

SERVIR

“A Cristo lo servimos en los hermanos”

Servicio, ministerio, diaconía son palabras que designan la misma realidad:

Ministerio viene de la palabra latina minister que significa “el más pequeño”, el servidor. Minister es una palabra opuesta a magister, que significa “el más grande”, el maestro. Jesús, el Maestro, vinculó estrechamente estas dos palabras cuando dijo a sus discípulos: “el que quiera ser el más grande entre ustedes, hágase el más pequeño de todos y el servidor de todos”. Y hablando de Sí mismo, dijo: “Yo no vine para ser servido sino para servir”, es decir, para ser “ministro”, el más pequeño, el que sirve a la mesa. En la última Cena lo vemos lavando los pies de sus discípulos, oficio que desempeñaban los siervos. Al concluir esta acción les dijo: “si yo siendo el Señor y el Maestro les he lavado los pies, cuánto más deben hacerlo también ustedes”. Cristo se “anonadó” y se hizo el siervo de Yahvéh hasta dar su vida por la salvación de todos.

El ministerio de la catequesis es un servicio, no un dominio; un carisma, no un privilegio; una preocupación, no una dignidad; un sacrificio, no un honor. De los ministerios básicos que aparecen en los libros del Nuevo Testamento se destacan dos: el servicio de “la palabra” y el servicio de “las mesas” o atención a los huérfanos, a las viudas y a los más necesitados (Hech 6, 1-3).

La palabra diaconía tiene su origen en la lengua griega y significa literalmente "servir a la mesa", ejercer un ministerio. La "diakonia" la ejercían los esclavos y los siervos. De esta clase de personas, Jesús toma la palabra diakonia y la adopta para expresar con ella el sentido de su misión, como el enviado de Dios para servir a la obra de la salvación. Por eso lo oímos decir: ¿Quién es mayor: el que está a la mesa, o el que sirve a la mesa? ¿Acaso no es quién está a la mesa? Pues, en medio de vosotros, yo estoy como quien sirve (Lucas 22.27). Porque el hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir (Marcos 10.45).

“Que los hombres nos tengan como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Lo que se exige de los
administradores es que sean fieles.
(1Cor 4, 1-21)

ANUNCIAR

“A Cristo lo nunciamos en comunidad”

La Iglesia, enviada por Dios a las gentes para ser Sacramento universal de salvación se esfuerza por anunciar el Evangelio a todos los hombres. El fin último de la misión no es otro que hacer participar a los hombres en la comunión que existe entre el Padre y el Hijo en su Espíritu de Amor. El Espíritu Santo es quien conduce la Iglesia por los caminos de la misión. La razón de ser de la catequesis es anunciar.

Dios, al hacernos a su imagen y semejanza, quiso que fuéramos comunidad. La comunidad cristiana tiene su origen en el Espíritu Santo que es el alma de la Iglesia. Dios no quiere salvarnos individualmente sino en comunidad y quiere que todos construyamos una familia en la que nos tratemos como hermanos. Dentro del plan salvador de Dios, la Iglesia es la realización del misterio trinitario.

La comunidad cristiana que debe estructurar todo catequista debe ser:

  1. Comunidad de fe. No podemos entender el ministerio de la catequesis sino a partir de una fe consciente y comprometida con el querer de Cristo de que todos seamos “UNO” como lo son el Padre, el Hijo y el Espiritu Santo.

  2. Comunidad de esperanza. Como discípulo de Jesucristo, el catquista proclama ante el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Eucaristía: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, !Ven Señor Jesús!. Lo anima la esperanza de que está en camino hacia la realización definitiva del Reino de Dios.

  3. Una comunidad de amor al estilo de la primera comunidad cristiana que se caracterizó porque en ella todos tenían un solo corazón y una sola alma. Quien evangeliza y hace catequesis, realiza el más auténtico servicio de caridad.

  4. Comunidad de culto. La fe, la esperanza y la caridad se expresan y se viven en la liturgia, en la celebración de la Palabra y en la Eucaristía.

  5. Una comunidad de servidores. Todo bautizado que ha llegado a la madurez de su fe debe emprender el camino de la ministerialidad, de la diaconía, del servicio a sus hermanos, al estilo de su Maestro Jesucristo manso y humilde de corazón.

XII - LOS ACTORES EN EL PROCESO ESPAC

  • El Obispo. “Los obispos son los primeros responsables de la catequesis, son los catequistas por excelencia. La principal tarea del Obispo es la predicación del Evangelio. En el ministerio profético de los obispos, el anuncio misionero y la catequesis son dos aspectos íntimamente unidos” (DGC 222).

    “El Obispo debe regular, según las leyes de la Iglesia, lo que se refiere a la iniciación cristiana de los niños y jóvenes, atento a que eventuales itinerarios del catecumenado de recuperación y fortalecimiento del camino de la iniciación cristiana o de acercamiento de los fieles que se han alejado de la vida normal de la fe comunitaria, se desarrollen según las normas de la Iglesia y en sintonía con la vida de las comunidades parroquiales en la diócesis” (Pastores Regis 38)

  • El delegado diocesano es la persona encargada por el Obispo para actuar en nombre suyo en todo lo referente a la implementación, dirección y ejecución del Programa ESPAC en la diócesis y en las parroquias que lo adopten. Ejerce sus funciones en coordinación con la Directivas generales del Programa, forma parte de la Asamblea General de la ESPAC y cuenta con la asesoría de un Consejo Académico.

  • El párroco, como pastor propio de la comunidad parroquial, es el Director de la ESPAC en su parroquia; es él quien, a la manera de un rector de seminario o de una casa religiosa, se interesa en la formación humana, espiritual, académica, comunitaria y pastoral de sus catequistas.

  • El coordinador parroquial es el representante del párroco ante el grupo de catequistas y su delegado ante las directivas diocesanas de la ESPAC.

  • Los catequistas son hombres y mujeres bautizados, jóvenes o mayores, que después de haber escuchado la llamada de Jesucristo, han decidido seguirlo como discípulos, se han formado junto a Él como los Apóstoles, han hecho una opción definitiva por los valores del Reino de Dios y son enviados por los legítimos pastores de la Iglesia a anunciar el Evangelio.

    Todos los bautizados están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo. El ministerio eclesial de catequista está ligado especialmente a la misión de Cristo Maestro, es decir, a la enseñanza. El catequista siempre deberá concebirse como un discípulo de Cristo y un misionero de Jesucristo.

  • f) Los auxiliares del proceso. La Escuela Parroquial de Catequistas pretende que la mayor parte de los bautizados se consideren corresponsables de la causa de la catequesis y que todos en la parroquia estén vinculados a los procesos de evangelización. Por eso se preocupa, no sólo de la formación de los catequistas, sino de promover personas y acciones “catequísticas” en función de servicios académicos, económicos y de oración de la ESPAC.

  • La comunidad cristiana destinataria de la acción de los catequistas y sujeto final de la ESPAC. La comunidad cristiana es el origen, el lugar y la meta de la catequesis. No sólo los catequistas o los sacerdotes deben procurar la iniciación cristiana en la parroquia; es tarea también de todos los fieles de la comunidad. Siendo la catequesis una acción educativa de la fe realizada por los catequistas, debe seguir el desarrollo de los procesos catequísticos con niños, con jóvenes o con adultos a partir de la responsabilidad de cada miembro de la comunidad, dentro del estado y circunstancias de cada uno y de cada una. Es dentro de la comunidad cristiana (familia, parroquia, pequeña comunidad) donde crece y se desarrolla la fe. De esta manera la ESPAC, no sólo conduce a la madurez de fe de los catequistas haciéndolos educadores de la vida cristiana, sino mediante ellos, al crecimiento en la fe de los catequizandos y a toda la comunidad cristiana

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    Actualizado: 3/11/08- webmaster