Visión
La ESPAC se proyecta en el tercer milenio respondiendo a los retos que plantea la Nueva Evangelización de la Iglesia dentro del contexto socioreligioso de nuestra realidad eclesial, dotando a las parroquias de agentes especializados para la evangelización y la catequesis provistos de la idoneidad droctinal y metodológicas exigidas por el Directorio General para la Catequesis y capaces de educar la fe católica de niños y adultos en consonancia con la realidad cultural de sus parroquias, mediante la catequesis sacramental de iniciación y dentro de la comunidad de fe y de culto.
Misión
Formar y ubicar a los catequistas en su tarea evangelizadora dentro de la comunidad parroquial, proporcionándoles una formación catequística orgánica y sistemática, de carácter básico, dentro de la modalidad de una Escuela de Catequistas como espacio particularmente válido para su formación espiritual, doctrinal y apostólica.

Historia
Antecedentes
En los años subsiguientes al Concilio Vaticano II se creó, en Colombia y en muchas otras latitudes del mundo católico, un gran vacío en el campo de la catequesis y de la enseñanza religiosa. Nuevas escuelas pedagógicas habían surgido y los catecismos, en los cuales se educó la fe del pueblo colombiano desde el siglo XV, ya no respondían a las nuevas expectativas en lo tocante a la metodología, al contenido y a la transmisión vivencial del mismo. Proliferaron entonces textos y metodologías de origen alemán y holandés que, al no ser asimilados por quienes no eran expertos en esas culturas, pronto cayeron en desuso.
El sistema de enseñanza de la catequesis, por entonces, en los centros educativos, estaba ajustado a lo establecido en el Concordato vigente entre la Santa Sede y el Estado Colombiano según el cual la escuela, cualquiera fuera su condición: gubernamental o privada, era considerada como el lugar propio para la educación de la fe. La catequesis debía dictarse en todas las escuelas donde los profesores, por el hecho de serlo, debían también ser los catequistas. Ciertamente, las Escuelas Normales destinadas a la formación de los maestros, estaban bajo el cuidado o vigilancia de la Iglesia y todos sus alumnos se formaban dentro de los parámetros de una pedagogía orientada hacia la catequesis.
Sin embargo, en estas circunstancias, hacia 1960 la catequesis en las escuelas y colegios ya había perdido su identidad: el espacio destinado para ella en el currículo escolar fue desplazado por otras actividades tales como la educación física, obras manuales, bordados, idiomas, incluso para difundir la ideología marxista entre los alumnos. A ésto se llegó debido a los cambios tan rápidos y profundos que venían afectando a la sociedad; a la pluralidad ideológica del magisterio y a que la parroquia había descargado su responsabilidad en la escuela descuidado casi totalmente su función primordial de educar la fe de los fieles. Sin duda contribuyó a ésto la mala o casi nula formación catequística en los seminarios donde ser catequista o interesarse por la catequesis era visto como un "hobby" de algunos, poco anhelado por quienes tenían en mente lograr doctorados en otros ámbitos de las ciencias eclesiásticas.
El generalizado abandono de la educación de la fe católica en los hogares, lo mismo que la carencia de agentes especializados para la catequesis en parroquias y escuelas, llevó pronto a nuestro pueblo a perder el sentido de Dios y los valores religiosos, éticos y morales en que había sido educado desde la primera evangelización. Los pastores se hicieron la ilusión de que Colombia era un pueblo evangelizado y creyente, mientras la realidad era otra: no se daban cuenta de que el colombiano es un pueblo profundamente religioso pero insuficientemente evangelizado y moralmente enfermo. La generalidad de las personas se confesaban católicas pero, por no haber sido acompañadas por una catequesis adecuada en el hogar, en la parroquia y la escuela, se quedaron con una fe infantil que no les permitió descubrir al Jesucristo del Evangelio, ni asumir sus compromisos en la Iglesia. Perdida así la identidad católica de un inmenso porcentaje de la población, afloró entonces una religiosidad carente de valores evangélicos que hacía ver la fe de los colombianos como la actitud de quien se aglomera ante a un espectáculo callejero sin que le importe lo que allí sucede o como quien bebe agua sin tener sed. Ser católico llegó a ser, en un inmerso porcentaje de bautizados, algo puramente cultural. La iglesia llegó a encontrarse en pacífica posesión de un pueblo sumiso a sus pastores, con una fe comúnmente llamada "de carbonero", pero ignorante de su contenido básico. De esta suerte, nuestro pueblo se encontró, a finales de la segunda mitad del s. XX, desprovisto de los recursos de una fe debidamente ilustrada para enfrentarse al fenómeno desconocido, hasta ese momento, de la proliferación de ideologías de todo tipo y de la invasión de sectas religiosas de origen norteamericano ávidas de explotar una religiosidad ingenua y milagrera.
Quizás, en el análisis de estos antecedentes debamos situar las causas de la posterior descomposición social de Colombia, la corrupción en todos los ámbitos de su sociedad y la violencia generalizada que la destruye desde hace más de cincuenta años. Sin que nos diéramos cuenta, desde el comienzo de la revolución, el 9 de abril de 1948, nuestra sociedad tuvo que enfrentarse a cambios socioculturales rápidos y profundos que determinaron una nueva cultura. Dentro de ese contexto a la Iglesia le sucedía lo que a la mamá que, con amor cuida a su niño arropado en sus brazos, sin darse cuenta de que el hijo va creciendo y pronto se le vuelve rebelde.

Razones de esperanza
Pero fue justamente, gracias a la renovación pastoral del Concilio Vaticano II, a su nueva visión de Iglesia, a los nuevos horizontes abiertos por las Constituciones Lumen Gentium, Dei Verbum, Sacrosanctum Concilium, Gaudium et Spes, y luego Evangelii Nuntiandi, Redemptoris Missio, como la catequesis y la enseñanza religiosa (ERE) fueron encontrando su espacio propio en la familia, en la parroquia, en la escuela oficial lo mismo que en la Iglesia católica y en un amplio sector de la sociedad.
En estas circunstancias las diócesis, las parroquias y las comunidades religiosas, cuyo carisma es la educación y la catequesis, ante la carencia de agentes especializados o, al menos, medianamente capacitados para la educación de la fe, organizaron escuelas y programas para la formación de catequistas. Todos esos esfuerzos se acogieron a los más recientes adelantos en la psicología, la pedagogía y demás ciencias auxiliares de la catequesis. Por ello, estas experiencias fueron y continúan siendo valiosas y sus efectos ampliamente conocidos.
Sin embargo, estas experiencias no siempre resultaron funcionales: la formación de catequistas para las parroquias dentro de la metodología de la escuela presencial exigía grandes costos y penosos desplazamientos. Dios sabe cuántos fueron los costos y cuán abnegados los esfuerzos de obispos y de párrocos por promover apóstoles laicos para la catequesis en escuelas presenciales que surgieron después de los años 70. Sin duda que muchos apóstoles de la catequesis y muchas vocaciones religiosas surgieron de estas experiencias. Pero bien pronto se pudo constatar que la formación de catequistas para las parroquias, realizada sin la inmediata presencia o participación de los párrocos, era esfuerzo perdido en la mayoría de los casos. Faltaba la sintonía entre los criterios pastorales de los catequistas formados dentro de una pastoral postconciliar y los de muchos párrocos anclados en sistemas superados. Así el catequista no encontró nunca su espacio propio en la parroquia.

Los orígenes de la ESPAC
Dentro del contexto antes descrito y con la naciente metodología de educación a distancia, las religiosas salesianas del Centro Diocesano de Catequesis de Neiva, a petición del Señor Obispo, Monseñor Rafael Sarmiento Peralta, diseñaron un programa de formación de catequistas a distancia y lo llamaron Escuela Parroquial de Catequistas (ESPAC). Las Hermanas Leonor Castelblanco, Judith Arboleda, Carmenza González y Beatriz Gracía fueron autoras muy destacadas en este esfuerzo que continuó funcionando limitadamente en parroquias de la Diócesis de Neiva hasta languidecer sin mayores resultados.
Simultáneamente Monseñor Carlos Sánchez Torres desempeñó entre los años 1971 y 1995 el oficio de Vicario Episcopal en la Zona Pastoral Episcopal de la Sagrada Eucaristía de la Arquidiócesis de Bogotá, integrada inicialmente por 25 parroquias y al término de su gestión, en 1995, por 73 y con una población cercana a los dos millones de católicos. Puesto que la Arquidiócesis de Bogotá no contaba con ningún programa estructurado para la formación de laicos y menos para la formación de catequistas, el Vicario Episcopal, urgido por la necesidad de dotar las parroquias de agentes de pastoral para la catequesis y habida cuenta, además, del abandono de la catequesis en las escuelas oficiales, de acuerdo con su Consejo Vicarial y los señores párrocos, en 1975, durante el gobierno pastoral del Cardenal Aníbal Muñoz Duque, estableció y, con un grupo de religiosas y laicos, dirigió una escuela presencial para la formación de catequistas. Formado en catequesis en el Instituto Católico de París, no estaba haciendo nada diferente de lo que allí vio y de lo que aquí otros estaban haciendo.
Durante seis años funcionó esta experiencia con una metodología de clases magistrales y de prácticas de docencia. Sus logros fueron buenos en lo referente a la formación de apóstoles laicos, pero muy deficientes en lo relativo a la inserción del catequista en su comunidad, en la perseverancia y en su proyección apostólica. Se cumplía aquí lo dicho anteriormente: la formación de catequistas para las parroquias hecha sin la inmediata participación de los párrocos, sin una bien definida integración entre párroco y catequista, no puede favorecer el trabajo en equipo ni la promoción de la comunidad cristiana. Esta experiencia lo mismo que otras semejantes estaba llamada a desaparecer. La carencia de mejores resultados obligó al Vicario Episcopal, muy a su pesar, a clausurar 1983 la escuela que con tanto esfuerzo y con la colaboración de tantos abnegados sacerdotes y religiosas había iniciado ocho años antes.
Pero las necesidades pastorales eran cada día más apremiantes, la carencia de catequistas en las parroquias era de todos conocida y los efectos de esta carencia eran manifiestos. Veía, además, Monseñor Carlos Sánchez, que los diferentes programas de pastoral que, como Vicario Episcopal, debía impulsar en las parroquias tenían aspectos muy afines en cuento a la formación doctrinal y espiritual de sus agentes lo cual implicaba dispersión de esfuerzos, de tiempo y de recursos. Pensó, entonces idear un mecanismo sencillo y eficaz, una especie de "varita mágica", que sirviera de instrumento y ayuda a los párrocos para dar respuesta a los programas de formación de catequistas, de pastoral juvenil, de pastoral vocacional y de formación de laicos. Un programa sencillo y didáctico que formara apóstoles laicos conocedores del contenido fundamental de la fe católica, con una metodología inductiva y participtiva, sin las características de la escuela activa y de trabajo grupal, con una espiritualidad de comunión y participación, con gran capacidad de liderazgo y de compromiso en las actividades eclesiales; con un marcado espíritu misionero y de comunión con su párroco, con su comunidad parroquial, con su obispo y con su diócesis, a la vez que plenamente inserto en la cultura de su entorno.
Aparecieron, en 1987, las religiosas salesianas del Noviciado de Bogotá, ofreciendo al Vicario Episcopal su experiencia de ESPAC en la diócesis de Neiva. Estudiado el Programa, Monseñor Sánchez encontró en él, mucho de cuanto soñaba referente a la metodología y creyó que con este ofrecimiento había encontrado la respuesta adecuada a sus anhelos. A partir de entonces, en asocio con las mismas religiosas salesianas se adoptó la ESPAC, ad experimentum, en dos parroquias de la Vicaría de la Sagrada Eucaristía: en San Wenseslao y en Todos los Santos cuyos párrocos, los padres Frencisco Lizarazo y Rogelio Ruiz respectivamente, se ofrecieron para experimentar el Programa.
Pero por cuanto el Programa de Neiva, válido en su metodología, no se ajustaba a las necesidades pastorales de las parroquias de la ciudad en su contenido doctrinal, personalmente Monseñor Carlos Sánchez se dio a la ardua tarea de redactarlo, en su totalidad, de conformidad con lo dispuesto en el Directorio General para la Catequesis, los documentos del Concilio Vaticano II, Catechesi Tradendae, Evangelii Nunctiandi, Redemptoris Missio y otros documentos recientes del Magisterio de la Iglesia. Aún no se había editado el Catecismo de la Iglesia Católica. Para hacer esta reforma en el Programa ESPAC, Monseñor Sánchez obtuvo licencia del Señor Obispo de Neiva, Mns. Hernando Rojas Ramírez.
Un año después de iniciada la experiencia en las parroquias piloto de San Wenseslao y de Todos los Santos, los resultados fueron sorprendentes: los 85 alumnos inscritos, en su mayoría jóvenes, junto a sus párrocos, proseguían su formación y realizaban trabajos pastorales con ejemplar compromiso y relativa eficacia. Entonces el Vicario Episcopal, consultado el Arzobispo Cardenal Mario Revollo Bravo, consideró oportuno lanzar esta experiencia como un programa oficial de la Vicaría para todas las parroquias. El consejo Vicarial lo adoptó dentro del Plan Pastoral de la Vicaría, pero dejó, todavía, en libertad a los párrocos que no quisieran adoptarlo. De los 54 párrocos de entonces, veintidós dijeron SI y lo acogieron con toda seriedad. 420 alumnos matriculados al comenzar 1988 hacían pensar en grande.
¿Cómo atender debidamente a la marcha de un programa que se insinuaba con brillantes perspectivas apostólicas? Fue necesario comenzar por diseñar lo que pretendíamos estableciendo objetivos, estructuras, contenidos, sistema de evaluación y funciones muy precisas dentro de los criterios vigentes de pastoral orgánica en la Vicaría; criterios de formación espiritual y pastoral, actividades, funciones y cronogramas, en fin, todo lo necesario para responder a un reto tan difícil. Así, un equipo de 22 párrocos, con su Vicario episcopal, pusieron los cimientos y construyeron la estructura que habría de soportar tan bello edificio.
La doctora Stella Betancourt, psicóloga y experta en programas universitarios de formación a distancia, se situaría en la Dirección Académica como Delegada del Vicario Episcopal, 22 coordinadores de grupos de catequistas irían, con ella, haciendo camino en el conocimiento y ejecución del Programa. Nuevos colaboradores fue necesario vincular a la Secretaría (Jorge Israel Gómez hoy sacerdote domínico y Constanza Rojas) y al Consejo Académico (la catequista Mónica Lorenzo y la maestra Himelda de Carvajal).
Con la aprobación, en 1987 del señor Cardenal Mario Revollo Bravo, Arzobispo de Bogotá, la Escuela Parroquial de Catequistas (ESPAC) prosiguió sus tareas como un programa propio de la Vicaria Episcopal. Así fue tomando cuerpo una organización bien estructurada para el servicio de la pastoral catequística en las parroquias.
Primera promoción de graduados
El 16 de diciembre de 1989, en solemne ceremonia eucarística presidida por el Obispo Auxiliar Monseñor Fabio Suescún Mutis, como delegado del Señor Cardenal, (en la Parroquia de san Juan Bautista de la Estrada, cuyo párroco ESPAC, P. Pascual Clavijo nos acogió bondadosamente), 130 alumnos recibieron el título y la misión de "Catequistas Parroquiales" . Estos, venciendo toda suerte de dificultades de tiempo y de trabajo, realizaron su formación durante cuatro semestres y vieron allí cumplidos sus anhelos.
De esta manera respondían estos noveles catequistas al llamado del Señor para realizar en sus parroquias programas de Nueva Evangelización (término éste que acababa de lanzar el Papa Juan Pablo II en sus convocatoria para la celebración del Quinto Centenario de la Evangelización de América), y se constituían en valioso aliciente para las incipientes directivas de la ESPAC. Fueron estos catequistas la semilla de la gran cosecha que la ESPAC continúa recolectando hoy en los más diversos ámbitos de Colombia y del exterior.

Expansión de la ESPAC
En 1990, sin pretenderlo, pero por cuanto el Programa había sido acogido y seguido también por dos noviciados masculinos y once femeninos en Bogotá, las junioras domínicas de Santa Catalina de Sena, graduadas en la ESPAC y enviadas a diferentes regiones de Colombia, comenzaron a utilizar la metodología ESPAC en sus catequesis. De esta manera surgió una escuela en Chinú (Córdoba) que dio origen a la ESPAC en la Diócesis de Montería donde gracias al celo apostólico y al dinamismo pastoral de su Obispo, Monseñor Dario Molina Jaramillo, funciona en la totalidad de sus parroquias. Simultáneamente y de manera progresiva se fue extendiendo a las demás Vicarias Episcopales de Bogotá y a otras diócesis de Colombia: Bucaramanga, Cali, Casanare, Chiquinquirá, Duitama, Facatativá, Girardot, Manizales, Medellín, Montería, Pereira, San Gil, Tuluá, Valledupar, Villavicencio y Palmira donde su Obispo, Monseñor Mario Escobar Serna, mediante Decreto, asumió la ESPAC como programa oficial de la Diócesis para la formación de sus catequistas. Esto, no obstante, el Programa no produjo frutos en Palmira.
En 1993, cuando el Programa se fue extendiendo a otras jurisdicciones, al equipo inicial se integraron sacerdotes, religiosas y laicos pastoralmente experimentados y expertos en pedagogía catequística. Son muy valiosos los aportes para la estructuración de Quinto Semestre sobre comunidad eclesial, del Padre Alirio Ramírez, la Doctora María Leonor Mejía y Carlos Alberto Gómez del CECAM de Manizales; las Hermanas Lilian Rivero, de Pereira; Gladys Pinzón de Villavicencio y Magdalena Gaitán de Facatativá. Todos ellos, bajo la dirección general de Monseñor Sánchez, la dirección académica de la doctora Stella Betancourt y la cooperación de las religiosas salesianas Carmenza González y Leonor Castelblanco conformaron el Equipo Nacional directivo que le dio altura y gran dinamismo a la ESPAC. A la base de este equipo, en la retaguardia, estaba, desde el origen de la ESPAC, Mónica Lorenzo encargada de atender los aspectos logísticos, la distribución de material y el contacto con las Delegaciones Diocesanas ESPAC. Con ella realizaban todas estas labores: Sandra Maritza Gómez, Jorge Israel Gómez, Constanza Rojas, Himelda de Carvajal y Myriam Vagner.

Asamblea General de Delegados
Con este nombre se designó, en 1992, el primer encuentro de Delegados Diocesanos ESPAC. Al ser asumida la ESPAC en las diferentes Zonas Pastorales de Bogotá y en muchas Diócesis de Colombia, a petición de sus respectivos señores obispos, el Programa adquiría una dimensión nacional. Fue entonces necesario darle una organización acorde con esta realidad. Cada uno de los Vicarios Episcopales de Bogotá y cada uno de los Señores Obispos diocesanos donde actúa la ESPAC, a petición del Director General designaron un sacerdote, una religiosa o un laico como delegado suyo encargado de promover y dirigir la ESPAC en su Diócesis.
De esta suerte, el Delegado Diocesano, en coordinación con el Director General y la Dirección Académica comenzaba a despachar desde su oficina en la Curia Episcopal de su respectiva Diócesis actuando de conformidad con los estatutos de la ESPAC. Así la Escuela había llegado a conformar un equipo nacional de 54 Seccionales con sus respectivos Delegados. La Asamblea General se reúne una vez cada año para evaluar la vida y marcha del Programa, y proyectar sus acciones para el futuro inmediato. Hasta noviembre de 2001 la ESPAC realizó diez Asambleas Generales.

Congresos Nacionales ESPAC
Cuando en junio de 1993 el número de alumnos ESPAC en la Vicaria Episcopal de la Sagrada Eucaristía de Bogotá pasó de 600, tres de las siete Vicarías Episcopales de Bogotá se habían vinculado al Programa y algunas Diócesis del país, las directivas de la ESPAC tomaron la decisión de hacer una encuentro general, de tres días, con la participación de todos los catequistas y con el tema "Nueva Evangelización para una Colombia Nueva" siguiendo siempre la metodología ESPAC. A partir de este encuentro se institucionalizó lo que en la ESPAC se llama "Congreso Nacional". Después de haber realizado ya cinco congresos, uno cada dos años, debemos reconocer los valiosos resultados de estos encuentros:
Se revaluó el término "catequista" hasta llegar a ser un título de honor cada día más anhelado por muchos.
Se llegó a desarrollar en todo el país un sentido de fraternidad entre los miles de catequistas ESPAC, que los congresos llegaron a ser el acontecimiento eclesial masivo de carácter interdiocesano único por la multitud de diócesis que se reúnen y por la integración gozosa de las diferentes culturas de Colombia.
Los congresos han vendo promoviendo en los alumnos ESPAC la espiritualidad propia del catequista parroquial basada en la ministerialidad, en la koinonía, expresada en la vida litúrgica y en el espíritu de comunión con el Papa, el Obispo y el Párroco.
Se llegó a potenciar el Programa de tal manera que un año después de celebrado el Quinto Congreso en Barranquilla, la ESPAC cuenta con 11.000 alumnos en 54 Seccionales.
Las temas, las ponencias y los trabajos de los congresos han venido orientando progresivamente la metodología y los contenidos catequísticos en creciente consonancia con el Directorio General para la Catequesis, el Catecismo de la Iglesia Católica, las orientaciones y programaciones del Santo Padre y de la Santa Sede y las nuevas conquistas metodológicas y pedagógicas mundiales en el campo de la catequesis.

Primer Congreso Nacional ESPAC
El primer congreso se reunió bajo el lema: Nueva evangelización para una Colombia Nueva se realizó en Bogotá entre el 18 y 21 de junio de 1993. Las ponencias presentadas fueron: La Parroquia, por el padre Hernado González Antolinez, Párroco de San Tarcisio (Bogotá) y La Escuela Parroquial de Catequistas por Sor Ana María Raigozo, Sor Carmenza González y Sor Lenor Castelblanco. La catequesis del futuro por el padre Iván Dario Giraldo, Director del Departamento de Catequesis del SPEC.
Participaron tres de las siete Vicarías Episcopales de Bogotá y delegaciones de las diócesis de Bucaramanga, Buga, Cali, Casanare, Chiquinquirá, Duitama, Facatativá, Girardot, Ipiales, Magangué, Manizales, Medellín, Montería, Pereira, San Gil, Tuluá, Tumaco, Valledupar, Villavicencio y Zipaquirá completando un número de 750 catequistas.

Segundo Congreso Nacional ESPAC
El segundo congreso nacional se realizó en Montería 23 a 26 de junio de 1995. El lema para este congreso fue: Catequistas para el Tercer Milenio". Monseñor Darío Molina, presentó la ponencia "Caminos para la inculturación de la catequesis en el Tercer Milenio", otros ponentes fueron el Dr. Crisanto Velandia: "La catequesis del Tercer Milenio frente a la ciencia y a la tecnología" y el padre Iván Darío Giraldo, director del Departamento de Catequesis del SPEC: "Espiritualidad del catequista como apertura. Asistieron 1.100 participantes de 22 diócesis.
Este congreso constituyó un evento que marcó profundamente la vida pastoral de las diócesis de la costa atlántica. En Montería, la Escuela estaba ya tan consolidada que el número de alumnos excedía de 700. Celebrar allí el Segundo congreso constituía un acontecimiento nacional de mayor envergadura. Su Obispo, Monseñor Darío Molina dio tanta importancia a la organización y realización de este evento que la ESPAC encontró en Montería su lanzamiento para las diócesis de las Provincias Eclesiásticas de Cartagena y Barranquilla. Mil doscientos participantes provenientes de diferentes diócesis de Colombia se tomaron la Ciudad con su alegría, sus expresiones culturales, su seriedad y profundidad en las deliberaciones del Congreso. Fue este un acontecimiento que marcó notablemente la vida pastoral de la ESPAC en Montería en todas las diócesis de la Costa Atlántica.
En torno de la magnífica ponencia pronunciada por Monseñor Darío Molina sobre "Cultura, modernidad, postmodernidad y desafíos", los trabajos de los grupos reunieron tal cantidad de iniciativas, que la sesión plenaria sobre el tema de la ponencia se convirtió en el foro que originó el llamado Quinto Semestre ESPAC. Los resultados de esta iniciativa se pueden hoy constatar en la multitud de proyectos pastorales que desde la aparición de este Quinto Semestre vienen impulsando programas pastorales de gran envergadura en diferentes diócesis. La segunda ponencia pronunciada por el Doctor Crisanto Velandia sobre Ciencia, Tecnología y Desarrollo complementó muy bien lo expuesto por Monseñor Darío Molina y enriqueció el Quinto Semestre.
Dentro del festivo ambiente monteriano que puso la tónica de lo que fue el Congreso, se destacó la generosidad de sus catequistas quienes brindaron la más amable acogida a los 700 venidos de bogotá y de diferentes regiones de Colombia.
La celebración litúrgica de apertura realizada en la Catedral, presidida por Monseñor Darío Molina y concelebrada por los Señores obispos de Sincelejo y Alto Sinú y San Jorge; por Monseñor Carlos Sánchez y 55 sacerdotes participantes en el Congreso, las demás celebraciones litúrgicas y los actos sociales y culturales lo mismo que la clausura del Congreso en las playas de Coveñas hicieron de este evento algo inolvidable para los catequistas. Sus efectos determinaron la historia posterior de la ESPAC.
El eco de este Segundo Congreso, gracias al impulso del Excelentísimo Monseñor Darío Molina Jaramillo, llegó a todos los obispos de Colombia reunidos en Conferencia Episcopal, en julio de 1995. A partir de entonces nuevas diócesis, parroquias, seminarios y noviciados fueron vinculándose al Programa ESPAC: Barranquilla, Caldas (Antioquia). Sibundoy, Mocoa, Dorada-Guaduas, San Vicente del Caguán, Magangué Mompox, Rionegro, Santa Rosa de Osos, Riohacha, Cartagena, San Andrés de Cuerquia (Antioquia), Sabanalarga, Parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Espinal, Misioneras de María Mediadora de Envigado, Hermanas de la Presentación en Mayoyoque (Putumayo), Hermanas de la Sagrada Familia de Urgel en Saldaña (Tolima), Parroquia de las Mercedes de Concordia (Antioquia), Parroquia de Vado Real (Santander), los seminarios diocesanos de Pereira, Facatativá y Barranquilla, seminario de los P. Escalabrinianos de Bogotá y 11 noviciados femeninos.
Al cumplir diez años de funcionamiento la ESPAC contaba, en 1997, con 7.470 catequistas graduados. Eran ellos el producto de 16 promociones en diferentes diócesis de Colombia. Estos catequistas han venido a constituirse en un verdadero ejército de apóstoles laicos comprometidos con la Nueva Evangelización.
Al promediar el año 1997, después que en Bogotá recibieron su grado 120 catequistas el 14 de junio, otros 5.849, de diferentes diócesis, proseguían su formación. Todo esto dentro de las perspectivas de la celebración del Tercer Congreso Nacional que habría de celebrarse en Manizales dos años después.

Tercer Congreso Nacional ESPAC
Entre 27 a 30 de junio de 1997 se congregó en Manizales el tercer congreso nacional ESPAC, para esta ocasión se adoptó el lema: "En Cristo anunciamos vida y construimos comunidad". En su aspecto formativo el congreso tuvo como ejes la ponencias: La Encarnación de Cristo, una experiencia de Dios entre los hombres presentada por Monseñor Octavio Ruiz Arenas, Obispo Auxiliar de Bogotá y por la ponencia: Retos pastorales y desafíos de la Iglesia colombiana ante el Tercer Milenio presentada por el padre Alirio Ramírez, Director del CECAM.
En Montería se destacó la nutrida delegación de Manizales por su excelente participación en las deliberaciones y actividades del Congreso, por el crecido número de parroquias que estaban siguiendo el Programa y por el gran número de alumnos. Todo esto motivó a la Asamblea del Congreso para proponer a Manizales como sede del Tercer Congreso Nacional. Esta proposición fue comunicada al Señor Arzobispo, Monseñor José de Jesús Pimiento quien no dudó en acogerla e impulsarla con el mismo ardor con que dos años antes había adoptado el Programa en la Arquidiócesis. A su retiro de la Sede de Manizales, su sucesor, Monseñor Fabio Betancur Tirado acogió de igual manera la iniciativa y a través del CECAM le dio el impulso y la organización que permitió realizar allí tan importante evento. Dentro del contexto preparatorio para la celebración del Año Santo 2000, y guiados por las enseñanzas del Papa Juan Pablo II en Tertio Milenio Adveniente, la Asamblea General de Delegados de 1996 adoptó como lema del Congreso: "En Cristo anunciamos vida y construimos comunidad" .
Fue el Padre Alirio Ramírez Gómez, Director del CECAM y Vicario de Pastoral de Manizales, el gran protagonista de este gran evento. Toda la sociedad manizalita se sintió comprometida con el Congreso. Quienes estaban más vinculados a la pastoral arquidiocesana: presbíteros, religiosas y laicos, lo mismo que la Federación de Cafeteros, la Gobernación de Caldas y empresas comerciales se sintieron, por igual, involucrados en este acto eclesial. La Doctora María Leonor Mejía, alma y vida del CECAM y el Señor Carlos Alberto Gómez, Delegado para la ESPAC, con algunos diáconos permanentes, prepararon los alojamientos para los 600 catequistas venidos de 35 diócesis de Colombia en las casas de los 600 catequistas ESPAC residentes en la ciudad de Manizales. Juntamente con los alojamientos estaban debidamente preparados todos los demás escenarios para los diferentes actos. Las comisiones responsables de acogida, alimentación, servicios de salud y celebraciones litúrgicas no ahorraron esfuerzo para dar cabal cumplimiento a todos los actos del Congreso. La sesión inaugural del Congreso se realizó en las instalaciones de la Federación de Cafeteros. Fue el Padre Alirio Ramírez quien, en nombre del Señor Arzobispo, Monseñor Fabio Betancourt Tirado, ausente en razón de la convocatoria que le había hecho el Santo Padre para recibir en Roma el Palio Arzobispal, pronunció las palabras de acogida con las que, al mismo tiempo, se daba apertura al Congreso. Acto seguido Monseñor Carlos Sánchez Torres, Director General de la ESPAC, saludó a los asistentes, agradeció la acogida de la Arquidiócesis de Manizales y dio por iniciado el Congreso.
La secretaría dio lectura a los mensajes recibidos de: el Señor Arzobispo de Manizles, Monseñor Fabio Betancourt, el Señor Arzobispo de Bogotá Monseñor Pedro Rubiano Saenz, Monseñor Armando Larios Jiménez Obispo de Magangué, Monseñor Nel Beltrán Santamaría, Obispo de Sincelejo, Monseñor Fabio Suescún Mutis, Obispo de Pereira, Monseñor Alfonso Cabezas Aristizábal, obispo de Villavicencio, Monseñor Luis Gabriel Romero Franco, Obispo de Facatativá.
Hicieron su presentación las delegaciones de Bogotá, Manizales, Barranquilla, Bucaramanga, Montería, Villavicencio, Facatativá, Girardot, Ipiales, Santa Marta, Sincelejo, Caldas (Ant.) Mompox, Chiquinquirá, Sonsón Rionegro, Dorada Guaduas, Cartagena, Ibagué, Buga, Pereira, Magangué, Valledupar, San Alberto (Cesar), Santa Rosa de Osos, Riohacha, Vicariato Apostólico de Sibundoy, Vicariato apostólico de San Vicente del Caguán con su Delegado el padre Ricardo Tovar.
Los actos culturales del III- Congreso fueron la expresión típica de la riquísima variedad folclórica del Departamento Caldas, de la ciudad de Manizales con su feria del café y de las diferentes regiones del país allí representadas. A la 1-00 p.m. del domingo 29 de junio, fue presentada la obra de teatro "El casamiento de Sinforosa" de carácter catequístico creada y ejecutada por catequistas de la Catedral de Manizales.
Con un esplendoroso homenaje nocturno a la Santísima Virgen María Estrella de la Evangelización, consistente en procesión de antorchas por la Ciudad hasta el Santuario de Fátima y la celebración allí de la santa Misa presidida por el Señor Obispo de Palmira, Monseñor Mario Escobar Serna, y concelebrada por varios obispos y muchos sacerdotes, se dio por clausurado el Congreso.

Cuarto Congreso Nacional ESPAC
Bogotá fue la sede del cuarto congreso realizado del 2 al 5 de julio de 1999. "El catequista: manifestación del amor misericordioso de Dios Padre" fue el lema del congreso, que contó con las ponencias: "La Reconciliación con Dios, Padre misericordioso". por Monseñor Fabio Suescún y "Dimensión Ecuménica de la Catequesis". por el padre Manuel Jiménez.
El lugar de reunión fue el Coliseo Cubierto del Colegio de San Bartolomé de la Merced. Las delegaciones procedentes de Barranquilla, Bogotá, Bucaramanga, Buenaventura, Caldas (Ant.), Cali, Cartagena, Cartago, Casanare, Chiquinquirá, Codazzi, Dorada-Guaduas, Espinal, Facatativá, Garzón, Girardot, Girardota, Facatativá, Garagoa, Garzón, Manizales, Medellín, Motelibano, Ibagué, Ipiales, Istmina, Jericó, Magangué, Málaga, Montería, Neiva, Pácora, Pasto, Pereira, Riohacha, Santa Rosa de Osos San Vicente del Caguán, Sibundoy, Sonsón-Rionegro, Tumaco, Tunja y Villavicencio, conformaron la asistencia de 1.500 congresistas ESPAC.
Es de anotar la generosidad de los catequistas de las diferentes Zonas Pastorales de Bogotá quienes se esforzaron porque no faltara alojamiento para los 950 catequistas venidos de otras diócesis.

Quinto Congreso Nacional ESPAC
La ciudad de Barranquilla acogió entre el 29 de junio y 2 de julio 2 de 2001 al quinto congreso nacional reunido con el lema "La Catequesis al servicio de la Iniciación Cristiana". Monseñor Dario Monsalve, Obispo Auxiliar de Medellín presentó la ponencia: "La Iniciación Cristiana". Monseñor Iván Darío Giraldo, Director del Departamento de Catequesis del SPEC presentó la ponencia: "La Catequesis en el inicio del tercer milenio". En Barranquilla se congregaron 1.500 catequistas procedentes de Barranquilla, Bogotá, Bucaramanga, Cali, Cartagena, la Habana Cuba, Buenaventura, Chiquinquirá, Dorada - Guaduas, Espinal, Facatativá, Garzón, Magangué, Neiva, Ocaña, Pereira, Riohacha, Santa Rosa de Osos, Sincelejo, Sonsón Rionegro, Villavicencio, Yopal, Zipaquirá, San Vicente del Caguán.
Monseñor Reinaldo Iriarte, Delegado de Arquidiócesis de Barranquilla para la ESPAC, con su secretaria Elvia Lozano y un crecido número de laicos hombres y mujeres consituyeron las diferentes comisiones que organizaron y llevaron a feliz termino el Congreso. Con un almuerzo en la playa a donde acudieron los 1.500 participantes del Congreso se dio por concluido el encuentro el día 2 de julio a las 3 de la tarde.
