Sociedad en cambio:
Fácilmente podemos constatar que estamos inmersos en un proceso de cambio de ideas, de costumbres, de estructuras que consideramos sólidas, con cierta facilidad se desvanecen. la civilización tecnológica y urbana le abren a la persona infinidad de posibilidades. Las bases de la vida social, de las relaciones entre hombres y los pueblos se modifican.
La crisis de los valores proviene en parte por el cambio de mentalidad y de estilo de vida que experimenta la sociedad, Por esto se replantean, se relativizan, comienzan a perder fuerza, hasta que al final quedan reducidos a palabras vacías.
El espíritu de máximo lucro es el motor de la economía. Una sociedad pluralista y tolerante, "liberal", igualitaria y democrática; que relativiza todo, sensible y preocupada por la defensa de los derechos humanos y agitada por la complejidad y la agresividad; es una sociedad que obliga a vivir en actitud de búsqueda constante si se quiere dar respuestas válidas; que se forma por familias reducidas (nucleares), donde la mujer trabaja.
Una sociedad en cambio plantea problemas y dificultades como el aislamiento, la inseguridad, el desarraigo de la persona, la marginación, el radicalismo, la violencia. Aquí es necesario estar abierto a los signos de los tiempos, a tener convicciones propias, objetivos claros (saber para dónde vamos) abierto al diálogo y atento a las nuevas realidades.
Igualmente se derivan unas consecuencias que cuestionan las acciones evangelizadoras y catequéticas, de manera especial en el ámbito de los jóvenes que son los receptores de las nuevas realidades que surgen; incide en la fe, porque modifica el contexto en el que se recibe y vive. El mensaje evangélico es el mismo, pero el destinatario ha cambiado.
Tanto el anuncio del Reino (Evangelización), como la profundización delmensaje cristiano (catequesis) han de tener muy en cuenta estos condicionamientos sociales en los que se encuentra hoy la persona, si es que de verdad se quiere al corazón de ella y tener la fuerza suficiente de atracción.
Se comprueba en este momento la desintegración de la unidad religiosa, tradicionalmente monolítica. La religión ya no tiene un papel dominante y directivo. La sociedad laica es una sociedad pluralista, organizada desde criterios no religiosos.
La fe se convierte en un fermento crítico transformador. Es una actitud para ser proyectada en la historia concreta de la sociedad.

Sociedad tecnológica
Los descubrimientos científicos técnicos han transformado nuestras relaciones con la naturaleza y las personas, la tecnología moderna ha aumentado la capacidad del hombre para conseguir un mayor dominio sobre el mundo y para lograr avances económicos y sociales nunca soñados.
Este dominio tecnológico tiene consecuencias positivas como la mejor organización de la vida social, la mayor producción, la prolongación de la vida del hombre por los avances que permite, sobre todo en elcampo de la medicina y la higiene, mayor comunicación.
Pero también tiene sus consecuencias negativas como la despersonalización del ser humano, las personas se van convirtiendo en parte de un engranaje frío, la deshumanización a causa de la máquina, el aumento de las enfermedades mentales, cardiacas y nerviosas, la influencia masiva de los medios de comunicación sobre las personas, de forma que, en muchas ocasiones, les imposibilita para ser críticas y maduras psicológicamente. La creación de nuevas y ficticias necesidades mediante la publicidad.
Todo lo anterior también repercute en el hecho religioso. El hombre quiere vivir por algo que de verdad valga la pena.

Sociedad consumista:
En este campo la sociedad se caracteriza por la lucha competitiva (a veces agresiva), el tener cosas que llega a ser más importante que "ser persona" el valor supremo es la eficacia y el poder. La filosofía del bienestar que nos empuja a ser conformistas y poco críticos; la publicidad comercial que promete una felicidad barata; la tolerancia represiva; el acentuado aburrimiento, fruto de una excesiva abundancia de bienes materiales y la falta alarmante de creatividad, al darnos casi todo pensado, programado y hecho. Por eso en la actual sociedad de consumo, lo religioso casi no tiene sentido. No es necesario negar a Dios teóricamente, simplemente se prescinde de El.
En el campo religioso, una sociedad de este estilo cierra las puertas a la realización personal y camunitaria, a la solidaridad con los demás. Se pierde el sentido de la gratuidad. Domina el utilitarismo. la religión, y concretamente la persona de Jesucristo como Salvador, se le valora por las ventajas o los inconvenientes que trae para la vida de la sociedad.
Al hombre consumista, en las celebraciones eucarísticas, le da lo mismo permanecer aislado al fondo del templo que estar juntosa los otros, pero ignorándolos. Parece que lo que cuenta es el "precepto" y debe estar presente en un "monótono y aburrido espectáculo" que además es "obligatorio".
La misma recepción de ciertos sacramentos ha recibido el impacto de la comercialización (Bautismo, Primera Comunión,matrimonio). Resulta casi heroíca la vivencia cristiana de la cruz, el desprendimiento desinteresado y la fraternidad evangélica.

Una Sociedad móvil
Tradicionalmente concebíamos la sociedad en forma sedentaria. Sólo se miraba con un mínimo de preocupación el éxodo del campo hacia las grandes ciudades. Hoy el panorama ha cambiado. La inmensa mayoría de la población mundial tiende a ser urbana; incluso los campos se están urbanizando. La tendencia actual dentro del urbanismo es hacia una vida nómada. En la misma ciudad se produce el fenómeno de la movilidad humana: uno es el lugar de trabajo, otro el lugar de diversión, otro el de residencia, otro el de fin de semana, etc.
En este aspecto la familia tiende cada vez a ser más nuclear, o sea, un núcleo reducido de personas y su papel más centrado, fundamentalmente, en la socialización, la estabilización y la gratificación afectiva de sus miembros.
En el campo religioso, la movilidad es un reto para las estructuras eclesiales territoriales. La movilidad urbana ha puesto en crisis la parroquia de la ciudad como institución territorial. Las personas que viven dentro de los límites territoriales de una parroquia urbana, no forman, por lo general, una comunidad natural, como si lo era en otra época. Son personas que mutuamente se ignoran, no tienen ningún objetivo común y entre ellos los lazos de solidaridad son mínimos, por no decir nulos.
Así mismo, la movilidad urbana de los fines de semana se convierte en un serio problema para la acción pastoral, porque produce una desvinculación casi total de todo tipo de comunidad cristiana. Esta realidad interroga la educación en la fe que está pensada para hombres estáticos y sedentarios.
Si la Iglesia no se hace "movil", "peregrina" y "dinámica", no podrá evangelizar al mundo de la movilidad.

El Anonimato
En estrecha relación con las características enunciadas hasta aquí se presenta el anonimato urbano, propio no sólo de la gran ciudad, sino también de la civilización actual, que como le expresamos antes, tiende hacia el urbanismo. En la gran ciudad, las personas tienen la sensación de estar vinculadas a diversos colectivos humanos. Las relaciones son más funcionales que personales. El hombre está libre de controles y a la vez es inseguro y se siente perdido en la gran masa de la ciudad, en la "selva de cemento".
Así como le permite a la persona conservar su intimidad, hacer posible su libertad y responsabilidad, el anonimato, también conduce a la incomunicación, la soledad, la amargura, la despersonalización y la marginación. La relación interpersonal es muy pobre o casi nula.
Este aspecto de lasociedad actual plantea a la acción pastoral el reto de integrar grupos donde la persona se sienta acogida, valorada como tal y donde pueda expresar libremente sus ideas, en un diálogo abierto con los demás; donde haya relaciones interpersonales.
La vivencia cristiana de la fe y el descubrimiento de Jesucristo como salvador es, esencialmente, una tarea personal y comunitaria. La fe se vive y se expresa en una comunidad de fe.

Una sociedad Secularizada
El fenómeno de la secularización quiere decir el desarrollo autónomo de una serie de aspectos de la vida humana como la ciencia, la técnica, la economía, la polí-tica y las costumbres. Nuestra sociedad moderna, ya no se fundamenta sobre una base religiosa. Las convicciones religiosas se han convertido en "asunto privado".
En relación con el hecho religioso, la fe ha madurado, se ha hecho autónoma. La secularidad, es la expresión más genuina de la responsabilidad, la madurez y la autonomía del hombre. Su incidencia es favorable en el hecho religioso porque ayuda a discernir entre la religiosidad popular con un contenido serio y otras manifestaciones de religiosidad que están al margen de la fe o son desviadas de un sentido mágico y supersticioso de la religión.
La secularización debe ayudarnos a descubrir la auténtica imagen de la fe cristiana, presentada como una urgencia, un quehacer continuado, una constante superación de nuestras comodidades y egoísmos, una misión exigente y comprometida que afecte a las personas en sus diversos aspectos: individual, social, político y económico.
Así como conlleva unos valores de revalorización de las realidades humanas y temporales, autonomía de los natural, en donde Dios, la religión, la Iglesia y la fe se vuelven realidades más gratuitas, la Iglesia puede ser más evangélica, más pobre, conmenos influencia y más libre para cumplir su servicio específico de ser fermento en medio del mundo, proclamar el mensaje de libertad y de salvación de Jesucristo y ser la voz profética de los que no tienen voz.
También encontramos antivalores, como los de seguir las directrices de una sociedad consumista, la falta de esfuerzo, la descristianización de la cultura y la creación de una mentalidad general de incredulidad con el consecuente rechazo del mensaje evangélico y la dificultad para comprender la visión religiosa de la vida.

Una sociedad pluralista
El pluralismo es una valoración de las distintas actitudes, mentalidades y opciones del mundo actual, es signo de nuestra capacidad de convivir y trabajar juntos con personas de mentalidades muy diversas. Abarca: pluralidad y diversidad de opiniones y conductas; coexistencia pacífica y respetuosa entre las personas y los grupos que sostienen dichas opiniones y conductas; y admisión de la diversidad.
De esta manera en el pluralismo nadie tiene el monopolio de lo justo y lo verdadero. La justicia y la verdad son valores éticos fundamentales de carácter dinámico, que se van construyendo progresivamente con el esfuerzo de muchas personas.
Existencialmente aceptado y vivido lleva a la tolerancia que no quiere decir pasividad, cobardía, debilidad, "permisivismo" y que en el campo religioso significa un profundo respeto por todas las creencias. Que nadie puede ser coaccionado a creer, pero si, que toda persona pueda creer.
Enfocado negativamente se convierte en relativización de todos los valores, lo que impide llevar a cabo el proyecto ético del cristiano; en indiferentismo enla búsqueda de la verdad; en desmoronamiento de lo que es objetivamente bueno o malo; en pérdida de la conciencia de pecado.
En la sociedad pluralista la fe deja de ser una parte del entorno social y obliga a profundizar los aspectos fundamentales del hecho cristiano, a redescubrir lo que es esencial a la fe.
Las anteriores características nos permiten ver los valores y antivalores que posee nuestra sociedad y las tendencias que ella misma presenta.
La catequesis debe estar atenta a los signos de los tiempos y su tarea de formar en la fe al creyente exige que sea capaz de llegar a transformar la vida auténticamente.
Mirando hacia el futuro la catequesis debe ser Experiencial; Sólida, Dialogal y Ecuménica.

La experiencia religiosa, base fundamental de la catequesis
Existe una continua relación entre Revelación y Acontecimiento, y entre Revelación y Palabra de hechos y de palabras que revelan y muestran el Plan de Dios. Esto no lo entendemos en sentido material y milagrero, como si los acontecimientos y las palabras estuvieran metidos desde fuera de la historia de los hombres y ofrecidos a su aceptación pasiva como mensaje divino. Si la Escritura habla de "inmediatez" , tanto por los acontecimientos de Dios en la historia, como por las manifestaciones de su Palabra, sabemos que hay una ley de encarnación que hace sumir en el dinamismo de la revelación las vicisitudes del actuar humano y los mecanismos de la reflexión cristiana.
La historia de las intervenciones de Dios es tomada solamente a través de la palabra interpretativa y en acogida consciente del hombre creyente. Todo esto se realiza en el contexto de la Experiencia Religiosa.
Quiere decir que la manifestación de la Palabra de Dios acontece al interior de la misma experiencia religiosa que lleva a la comunidad creyente a leer la historia, guiada por el Espíritu, los signos de la presencia y de la acción de Dios. La Palabra de Dios se realiza solamente a través de una "Experiencia de Dios".
La importancia de esta dimensión "experiencial" de la Palabra de Dios es tal que nos permite encontrar una ley estructural fundamental: "sin experiencia religiosa no hay comunicacion ni escucha de la palabra de Dios"

El Concepto de Experiencia
Nos interesa el concepto de experiencia en su densidad antropológica y en significado hermeneútico, o sea, en cuanto vía de acceso a la comprensión de la verdad.
Esquemáticamente se pueden resumir así los elementos constitutivos de la experiencia, en su significado antropológico:
1. Realidad o situacion vivida
Es el carácter de inmediatez, de contacto vital, existencia con la realidad. No se tiene una experiencia verdadera solo a partir de lo que se ha escuchado, o como resultado del estudio o la lectura.
2. Realidad vivida con intensidad y globalidad:
Para no permanecer enlo supérficial, la realidad que es objeto de la experiencia, debe ser vivida con una cierta intensidad y en forma global, esto es, envolviendo toda la persona (toda su esfera intelectual, afectiva y activa).
3. Realidad reflexionada e interpretada:
Es la dimensión de la profundidad por la cual, en la reflexión y en esfuerzo interpretativo, la realidad experimentada adquiere significado y es convenientemente evaluada y metida en el contexto de la vida, unida con otros acontecimientos y experiencias; solamente con este esfuerzo interpretativo, la vivencia se convierte en algo valioso y de aquí surgen las lecciones de vida, el acceso real a la realidad y la orientación existencial de la vida.
4. Realidad expresada y objetivada:
Es el momento expresivo en formas del lenguaje (palabras, gestos, ritos, conductas, etc..)
Es importante anotar que la expresión no solo es necesaria para una eventual comunicación de la experiencia a otro, sino que se convierte en una mediación necesaria para la elaboración y clarificación de la experiencia misma.
5. Realidad que obra una transformacion:
En la medida en que la experiencia es profunda y auténtica, se manifiesta también un cambio en las personas, se obran diversas transformaciones.
El conjunto de las características de la experiencia se puede presentar esquemáti-camente como una especie de sonda que se sumerge en la vivencia y emerge en las objetivaciones o mediaciones.

La Experiencia Religiosa
Tomando como referencia la experiencia en su estructura fundamental, podemos intentar clarificar las características de la experiencia religiosa.
La experiencia Religiosa no es Experiencia de un sector particular de la Realidad, sino un modo particular más profundo de vivir la realidad. En el origen de la experiencia religiosa no hay realidades o situaciones diversas de la vida, sino la vida misma en sus situaciones fundamentales (amor, esperanza, dolor, devenir, muerte, etc.) tomadas a un nivel interpretativo más profundo y radical.
La experiencia Religiosa es una lectura en profundidad de la vivencia hasta el nivel religioso del Misterio. Se tiene la experiencia religiosa cuando la realidad aparece en el horizonte de totalidad (significado último, el origen y fin último) en la redicalidad de su problemática (la búsqueda de sentido, invocación de salvación) y como apertura a la dimensión trascendente del totalmente otro.
La experiencia Religiosa es experiencia y mediada en las diversas objetivaciones religiosas que asumen las formas variadas del lenguaje y la expresión (ritos, creencias, narraciones, instituciones, comportamientos, símbolos, etc.) Estas pueden ser verbales o no- verbales, sagradas o profanas, individuales o comunitarias.
Desde el punto de vista de la estructura de la experiencia religiosa las objetivaciones tienen un papel importante de mediación y de expresión que deben permitir el paso a la profundidad del misterio y a la alteridad del Trascendente. No todos los lenguajes se adaptan a este fin. Menos indicados son el lenguaje de la simple constatación o información y el lenguaje racional o demostrativo; mucho más apropiados son los lenguajes de tipo evocativo o sacramental, las narraciones, los testimonios, los símbolos, la celebración, el rito, la poesía, etc.

La Experiencia de fe cristiana
Hemos hecho ya un cuadro que caracteriza las dimensiones de la lectura profunda de la vida y de la historia propias de la revelación judeo-cristiana. Estamos por esto de frente a una experiencia religiosa fuertemente especificada por contenidos y consecuencias bien definidas y originales. Desde el punto de vista de la estructura formal podemos decir que también la tradición cristiana puede ser expresada conlos esquemas de cada experiencia religiosa.
- La estructura del antiguo testamento, aparece como objetivación literaria de la extraordinaria experiencia religiosa de Israel. Experiencia vivida y sufrida, rica y profunda. Esta experiencia histórica ha sido el lugar de la manifestación de la Palabra de Dios en su camino siempre abierto hacia la plenitud de Cristo.
- El Nuevo Testamento, es para nosotros el testimonio y objetivación de la excepcional y decisiva experiencia religiosa de jesús de nazareth y de la comunidad apostólica, que ha unido en forma irrepetible la profundidad del misterio vivido y la interpretación salvífica que ha hecho.
- La experiencia religiosa eclesial, que es la continuacion de la Iglesia apostólica, se expresa en los diversos documentos y en las realidades de la tradición eclesial (Historia de la Iglesia, Liturgia, Historia de los Padres y de los teólogos, del Magisterio Jerárquico, formas de espiritualidad, etc.).
- En este cuadro el conjunto de la experiencia bíblica tiene un puesto de especial importancia en comparación con cualquier otra experiencia que quiera llamarse crsitiana, en cuanto fuente aceptada de interpretación y valoración. En otras palabras, la experiencia eclesial post-bíblica permanece como punto de referencia y lugar de convocación eclesial esencial.
En este sentido se tiene una experiencia de fe cristiana enla escucha de la Palabra de Dios cuando una persona o un grupo profundiza y expresa la propia vivencia en referencia esencialmente a las experiencias fundamentales eclesiales, de esta manera se realiza el proceso de identificación entre el propio itinerario experiencial y la experiencia de Cristo y de la Iglesia.
Aceptar y leer la propia vida a la luz de la experiencia fundamental eclesial, vivir y expresar la propia visión del mundo como referidas a tales experiencias y hacer esta identificación dinámica; esta es la sustancia de la experiencia de fe y de maduración de tal experiencia en el ejercicio de la escucha de la Palabra de Dios.
Se puede decir que fuera del contexto de la experiencia religiosa no es pensable un proceso de comunicación de la Palabra de Dios, y por lo mismo de maduración de la fe como respuesta a la Palabra de Dios. Sin experiencia religiosa no hay comunicación religiosa. Sin experiencia de fe no hay comunicación ni educación de la fe.
A la luz de estas instancias que hemos analizado es posible ilustrar la identidad y el proceso de la catequesis en referencia a la experiencia. Se puede decir que en el corazón del fín catequístico se encuentra el arte y la ciencia de suscitar y alargar experiencias, profundizar experiencias, comunicar experiencias y expresar experiencias.
- Suscitar y alargar experiencias: quiere decir incidir en el área de la vivencia aportando nuevas realidades, testimonios, comparaciones, ampliando el ámbito de la vida, bien sea en extensión o en profundidad.
- Profundizar experiencias: quiere decir motivar y conducir a superar los niveles superficiales de la vivencia, romper las apariencias de vanalidad para hacer aparecer el fondo misterioso y problemático de las situaciones de vida. En el contexto de la catequesis significa, introducir la experiencia cristiana como clave de lectura y de interpretación de la vida. Corresponde al arte del educador religioso el iniciar en la reflexión, en la meditación, en la contemplación, la capacidad de elaborar instrumentos de análisis y profundización de las experiencias de vida.
- Comunicar experiencias: el proceso de la catequesis tiene un continuo intercambio de experiencias. Es esencial en la catequesis que estas experiencias sean verdaderas y no solo una referencia al pasado (la experiencia bíblica y eclesial primitiva), o un presente globalizado y abstracto (la Iglesia, los cristianos sin encarnación histórica). Una verdadera catequesis es posible allí donde hay una auténtica experiencia cristiana que puede ser interpretada y comunicada.
Expresar Experiencias: las expresiones, el lenguaje y las objetivaciones no son solo medios para comunicar experiencias ya habidas; ellas son también, y sobre todo, instrumentos esenciales para la profundización e interpretación de experiencias.

Solidez de la Catequesis
Al catequista del futuro hay que pedirle: Que sea enprimer lugar un "experto en humanidad". Esto quiere decir que debe ser una persona atenta a los problemas de los hombres, con gran sensibilidad respecto de todo aquello que afecte la dignidad humana y los valores fundamentales de la vida; pronto para enfrentarse a las contradicciones de una sociedad pluralista y conflictiva como la nuestra; que no se pone a la defensiva de posturas e ideologías, sino que tiene una convicción propia, fundada en la fe; que dialoga y procura mantener una actitud respetuosa, aunque crítica frente a ellas.
Debe vivir además profundamente enraizado en su ambiente, siendo solidario con la gente concreta de su entorno, dispuesto a compartir los gozos y esperanzas, los éxitos y los fracasos, las tristezas y las penurias de cuantos viven cerca de él, mostrándose particularmente cercano de los pobres y marginados (G.S. 1); ha de ser una persona madura, equilibrada, que se acepta así mismo; sin complejos; que reconoce sus limitaciones, pero que es consciente al mismo tiempo de sus buenas aptitudes y, que sobre todo confía en sus ideales y aspiraciones, capaz de dialogar y escuchar, dispuesto a comunicarse con los otros y a establecer con ellos unas relaciones humanas positivas.
Por otra parte, al que quiera ser Educador en la fe (catequista) se le pide como "conditio sine qua non" que primero haya vivido él su propia fe en comunidad, es decir, que forme parte efectiva de una comunidad creyente en la que se siente perfectamente integrado. Nadie puede ejercer la catequesis solitariamente, como un "francotirador", pues como afirmaba el Sínodo de 1977 sobre la Catequesis y el Papa pablo VI: "La catequesis al igual que la evangelización no pueden considerarse nunca como una tarea meramente individual, sino que tiene un profundo sentido eclesial y se realiza siempre en la comunidad cristiana (Mensaje al Pueblo de Dios y Evangeli Nuntiandi 60).
Es importante que haya experimentado, primeramente él, la riqueza de vida y de exigencias que implica de suyo el avanzar progresivo de una comunidad cristiana, pues sólo será capaz de hablar en primera persona y de comunicar a otros una experiencia personal de fe que es la suya.
Al catequista se le pide que sea un "Experto en la fe de la Iglesia", que conozca suficientemente el mensaje cristiano que trata de anunciar. Tiene que ser un hombre de memoria, que recuerda y actualiza para los hombres de hoy la fe de la Iglesia. Un hombre de comunión con la Iglesia Universal, que es comunión de comunidades unidas entre sí por el lazo de un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos (Efesios 4, 5-6).
