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Ponencias

La Parroquia

Pbro. Hernando González Antolinez, Párroco de San Tarsicio. Bogotá.

Introducción.

¿Por qué comenzamos hablando de la Parroquia?

Porque es un congreso ESPAC, cuyos participantes trabajan principalmente en el ambiente de la Parroquia, y es necesario que la conozcamos mejor, para amarla más y, si es posible, comprometernos más a fondo con ella y con su misión.

Porque puede ser que no siempre tengamos conceptos claros acerca de la Parroquia y por ello nuestro puesto en ella y nuestra acción obedezcan a motivaciones un tanto desfasadas.

Porque la Parroquia tiene una importancia decisiva en la vida de toda la Iglesia.

¿Qué vamos a decir aquí acerca de la Parroquia?

Primero presentaremos lo que es la Parroquia dentro del plan de salvación, es decir, cuál es su naturaleza.

En un segundo momento miraremos para qué existe la Parroquia, es decir, cuál es su misión.

Naturaleza de la parroquia

El misterio de la Parroquia

Es posible que el título anterior cause extrañeza, y aún ciertas sonrisas de incredulidad: ¿La Parroquia, un misterio...? Pues sí. Y la afirmación no es mia: se basa en la enseñanza del Concilio Vaticano II, de Puebla, de Santo Domingo, de las repetidas homilías del Papa Juan Pablo II a las Parroquias de Roma. De ella son herederos nuestros Obispos quienes afirman otro tanto en el "Directorio Nacional de Pastoral Parroquial".

Es que la Parroquia no es una realidad que existe por causa de la Iglesia, ni es algo que se da en la Iglesia o que es propiedad de la Iglesia, sino que es algo más profundo y significativo: ella, en sí misma, es Iglesia.

Juan Pablo II la llama "comunidad fundamental del pueblo de Dios".

Puebla dice que la Parroquia "realiza una función en cierto modo integrante de la Iglesia" (n. 644).

El Concilio Vaticano II en la constitución "Sacrosanctum Concilium" afirma que la Parroquia de alguna manera representa a la Iglesia establecida por todo el orbe" (No. 42)

El Documento de Santo Domingo (aún tan poco conocido) nos dice al respecto que las parroquias petenecen a la esencia misma de la Iglesia particular, que es donde vive y se realiza la Iglesia.

Si, pues, la Parroquia es la Iglesia, también ella es misterio, y pertenece al ámbito de la fe: "Creo en la Santa Iglesia". La Parroquia es una realidad divina, antes que una realidad sociológica, y por ello debe tratársela con respeto religioso.

Cómo en la Iglesia toda, interviene la Santísima Trinidad, Dios-Padre-Hijo y Espíritu Santo.

Parte de la iniciativa de Dios-Padre: allí está la presencia y la fuerza de Dios que convoca y salva (P. 230). Ninguna decisión humana convierte una comunidad en Iglesia.

Esta presencia y acción de Dios se realiza por medio de Cristo, el único salvador y mediador. Una Iglesia sin Cristo o al margen de Él es impensable (así como también es impensable un Cristo sin Iglesia... se- gún el plan divino).

Hoy, concretamente, la fuerza del Padre y del Hijo existen por la continua donación que Dios hace de su Espíritu Santo, con el cual todo es posible y sólido.

Por ello la Iglesia y la Parroquia son donación de Dios al hombre; son gracia que salva. Cuando el Señor Obispo crea una parroquia en su Diócesis, está sirviendo de instrumento de Dios para hacerse presente allí, con su deseo de salvar a quienes en ella viven.

Esta entrega que Dios hace de sí mismo por medio de la Iglesia, se da para que quienes son llamados se unan entre sí, por el amor, a imagen de las personas de la Santísima Trinidad: muchos en la unidad. En esta forma el hombre se va haciendo mejor "imagen y semejanza de Dios". Todo ésto lo sintetiza la Constitución "Lumen Gentium" de modo maravilloso cuando desde el Nº 1 afirma que la Iglesia (la Parroquia tembién) es "como un sacramento, o sea, signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano". El gran deseo de Cristo y el signo distintivo de sus seguidores es precisamente esta unión de todos en el amor:

"Como Tú, Padre en mí y yo en tí, que ellos sean uno, para que el mundo crea" (Jn 17, 21).

Es una meta muy alta que exige conversión continua, esfuerzos siempre nuevos, renovación permanente. Una Iglesia y una Parroquia estáticas, no responderían a las expectativas de Dios . Y como el llamado de Dios quiere extenderse a todos los hombres, la Iglesia y la Parroquia deben estar animadas de un gran dinamismo misionero.

Parroquia, núcleo de fe

De lo anterior se derivan unas consecuencias que son importantes: Para enfocar adecuadamente a la Parroquia, debemos tratarla como algo sagrado, con fe. Es preciso rescatar este aspecto teológico, frente a otros enfoques: sociológico, jurídico, económico, administrativo...)

Si la Parroquia existe para unir a los hombres con Dios y esta unión se realiza por medio de la Gracia santificante, la primera preocupación parroquial ha de ser la de que todos sus miembros vivan en esa gracia, en esa amistad con Dios. Hacia esta meta han de dirigirse todos los esfuerzos. El resto será secundario y debe ser enfocado como medio para conseguir ese fin.

Si la Iglesia es para formar comunidad, preocupación primordial de ella debe ser buscar por todos los medios que las personas se conozcan, se amen, se ayuden. No basta tener muchos bautizados, sino todos en la unidad. No siempre es fácil; pero debe ser continuo reto para la acción y la revisión.

La salvación que Cristo quiere debe ser integral, por lo cual no es suficiente la preocupación por" las almas", sino por la integridad de los hombres. Cristo no vino a salvar almas, sino a salvar hombres.

El misterio de la Parroquia en imágenes bíblicas

A todo lo que es de Dios sólo tenemos acceso por medio de las realidades del mundo. A lo invisible se va por lo visible. Esto sucede también con la Iglesia. De ella tenemos una idea más cercana valiéndonos de semejanzas o imágenes. Esta ha sido tambien la pedagogía de Dios, quien para hacer comprensible a la Iglesia la ha presentado mediante varias imágenes, de las cuales dos son las más conocidads y nos acercan más a la realidad de la Iglesia y de la Parroquia: la imagen de Cuerpo de Cristo y la imagen de Pueblo de Dios.

La Iglesia (la Parroquia) como Cuerpo de Cristo

Se la debemos especialmente a San Pablo: Col 3,11; Ef 4,4-6; 1 Cor 12, 12-30; Rom 12, 4-8.

  • La Iglesia es como un organismo vivo.
  • Que tiene muchos miembros distintos, con diferentes funciones.
  • En el que todos los miembros trabajan para el beneficio del todo.
  • Donde hay una Cabeza que dirige y un Espíritu que anima.
  • En donde ninguno de los órganos es pasivo, porque es insustituible.
  • Así debe ser la Parroquia, pero... ¿Es así en realidad?

La Iglesia (la Parroquia) como Pueblo de Dios

  • Es una imagen que principalmente nos presenta San Pedro: 1 Pe 2, 9-10.
  • Es una realidad con existencia histórica, con hombres concretos, situados, inmersos en situaciones cambiantes. Por ello la Iglesia (la Parroquia) debe ser realidad situada en cada momento histórico, con igualdad en lo esencial, pero con cambios en lo accidental, para que sea la levadura conveniente a cada época.

Con unos ciudadanos que tienen igualdad fundamental, que se basa en el bautismo y los otros sacramentos de la iniciación cristiana y que los hace sujetos de derechos y deberes dentro de ese mismo pueblo para el beneficio común. La iniciación cristiana es un regalo de Dios, pero es también un compromiso de cada uno. Para cumplirlos, el Espíritu da los "carismas" que deben ser discernidos y regulados por quienes han sido puestos como visibilidad de Cristo cabeza.

En la Iglesia los laicos son la inmensa mayoría y con sus cualidades están llamados a contribuír de acuerdo con ellas, con sentido de corresponsabilidad. El Pueblo de Dios es cuestión de todos los bautizados.

Sinembargo, allí están los religiosos que entregados por entero a la extensión del Reino, que no sólo ayudan a construirlo sino que con los tres votos que los distiguen, anuncian desde la tierra lo que seremos en el cielo.

Para que sea realmente Pueblo, la Iglesia debe estar dirigida por una autoridad. Cristo quiso que ésta fuera el ministerio jerárquico en sus distintas formas: Colegio Apostólico con la dirección de Pedro, y los necesarios colaboradores (sacerdotes) quienes para ello reciben de Dios en la ordenación episcopal o presbiteral los poderes necesarios. Estos colocan a quienes los reciben en una cercanía mayor con Cristo cabeza, quien para serlo fue el servidor, sin dejar de ser el Maestro y el Señor.

La ley fundamental de este pueblo es el amor: "en ésto conocerá el mundo que sois discípulos míos, en que os amáis los unos a los otros".

Una manifestación del amor es el espíritu misionero que debe animar a todos para que la salvación universal sea realmente universal.

Este pueblo es Pueblo de Dios: en él está la iniciativa, la fuerza que lo impulsa y el fin al que tiende.

Todo lo anterior debe realizarse en el Parroquia porque ella es Iglesia. ¿Cómo andamos en este sentido?

La misión de la parroquia

Evangelizar

A la Parroquia corresponde -en su campo propio- realizar la misma misión para la que existe la Iglesia toda: Formar comunidad de amor con Dios y con los demás. Esto se consigue por medio de la Evangelización. Esta es la finalidad específica de todo lo que sea la Iglesia. Pero evangelizar no consiste en instruír sólo la mente. Evangelizar es ese proceso humano-divino mediante el cual las personas, los grupos, las instituciones, las culturas, todo, es impregnado y transformado desde dentro (no en forma superficial) con la fuerza del Evangelio (CF. E.N. 18-20). Esta es la misión propia de la Parroquia; esta es su dicha y su vocación, su identidad más profunda (EN 14).

Evangelizar incluye la instrucción, la predicación, la celebración. Pero busca algo más alto: la real unión de todos con Dios y con los demás, viviendo sinceramente. Una parroquia no puede considerarse evangelizada sólo porque hay buena catequesis, o porque las homilías son buenas o las celebraciones son vivas y participadas. Si hay dicotomía entre la fe y la vida, es señal de que la evangelización está sólo en camino.

Evangelización integral

  • Que abarque todos los aspectos de la Evangelización: proclamación, maduración, celebración, vida de relación.
  • Que abarque a todo el hombre: cuerpo y espíritu, individuo y comunidad, valores, circunstancias. (Cf. E.N. 31: Promoción humana).
  • Por la acción de todos: La Iglesia entera es misionera (E.N. 60).
  • Dirigida a todos sin excepción. Atención especial a los alejados o indiferentes, a los jóvenes, pobres y ateos.

Bajo la guia del Magisterio (E.N. 60)

Con la acción del Espíritu Santo y la necesaria colaboración humana (Cf. E.N. 63, 42, 45)

Con el ejemplo y la protección de María, estrella de la Evangelización

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    El misterio de la Parroquia en imágenes bíblicas
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    Guia del Magisterio
    Acción del Espíritu Santo y colaboración humana
    Ejemplo y protección de María

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