Directorio para la Religiosidad Popular y la Liturgia
Los catequistas ESPAC experimentan que en la comunidad cristiana de su parroquia existen expresiones particulares de vida religiosa mediante las cuales las personas buscan a Dios; que generalmente, esas manifestaciones están cargadas de gran fervor y de conmovedora pureza de intenciones; que a quienes así actúan los mueve un hondo respeto de la paternidad de Dios, de su providencia y de su presencia amorosa; que la veneración a la Santísima Virgen María asume formas múltiples según las circunstancias de los lugares y la sensibilidad de los pueblos; que la piedad de las gentes hacia los santos se expresa en celebraciones que constituyen una gran riqueza cultural de cada pueblo. En esas actitudes se refleja, casi siempre, una sed de Dios que solamente los pobres y los sencillos logran entender. En esto, que comúnmente llamamos «piedad popular», encontramos ejemplos admirables de generosidad y de sacrificio, muchas veces, hasta el heroísmo.
Sin embargo, esta ansia por lo religioso ha dado lugar a un supermercado de oferta religiosa, particularmente en las sociedades urbanas, que va más allá de la religiosidad popular y de las religiones tradicionales e históricas. Por ello, nuevos movimientos y sectas surgen constantemente en nuestra sociedad postmoderna. Este fenómeno parece responder a la necesidad que las gentes de hoy tienen de sentirse acogidas por pequeños grupos en medio del anonimato de las ciudades y víctimas de la ansiedad sicológica provocada por el fenómeno urbano. Podemos observar, además, en algunos de estos grupos, una fuerte carga de intereses curativos y milagreros que, desembocando en la Nueva Era, han creado una vivencia religiosa que busca un bienestar personal sin Dios. Se preguntan, entonces, los catequistas, ¿Cómo afrontar estas realidades?
Muy diversas son las actitudes que, frente a las realidades de la religiosidad popular y de los nuevos fenómenos religiosos, suelen adoptar los pastores de almas, los catequistas y muchos fieles. Frente a la piedad popular hay posiciones exageradamente restrictivas sin fundamento teológico-pastoral, que hacen mucho mal, y las hay extremadamente laxas aptas para fomentar una religiosidad supersticiosa, emocionalista y/o fundamentalista. Esto está dando origen a una nueva religiosidad fuertemente marcada por el individualismo y por una pertenencia difusa e indefinida respecto de la Iglesia. Nos preguntamos entonces: ¿Cómo lograr tener criterios claros y bien definidos al respecto?
El Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia, que acaba de publicar la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, puede ayudarnos a encontrar la respuesta. Es éste un hermoso tratado publicado el 17 de diciembre de 2001, que comenzó a difundirse en el primer semestre del 2002 y que en este momento aún permanece desconocido de muchos sacerdotes y de los catequistas.
El Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia, después de hacer una amplia exposición, en tres capítulos, sobre los aspectos doctrinales relativos a la liturgia y la Piedad Popular nos da, en cinco capítulos, normas muy precisas para que sepamos armonizar la Piedad Popular y la Liturgia. De allí podemos obtener también criterios para afrontar el fenómeno emergente de nuevas experiencias de religiosidad promulgadas por fenómenos sociológicos como la Nueva Era.
El Papa Juan Pablo II, en su Mensaje a la Sagrada Congregación para el Culto Divino y los Sacramentos, en ocasión de la publicación de este Directorio dice: «La correcta relación entre estas dos expresiones de fe (la liturgia y la religiosidad popular), debe tener presente algunos puntos firmes: es importante subrayar que la religiosidad popular tiene su natural culminación en la celebración litúrgica y que esto se debe enseñar con una adecuada catequesis. Las expresiones de la religiosidad popular aparecen, a veces, contaminadas por elementos no coherentes con la doctrina católica. En esos casos, dichas manifestaciones han de ser purificadas con prudencia y paciencia, con una catequesis atenta y respetuosa, a no ser que incongruencias radicales hagan necesarias medidas claras e inmediatas».
«Con una catequesis atenta y respetuosa», dice el Papa. En efecto, dicha catequesis deberá estar atenta, por igual a los valores culturales sobre los que se apoyan las expresiones sanas de la «piedad popular» de cada pueblo para estimularlos, como a los elementos no coherentes con la doctrina católica para purificarlos evangelizándolos. Al efecto, dicha catequesis no podrá prescindir de ninguno los siguientes elementos esenciales en toda catequesis:
Cristocentrica
Es tarea propia de la catequesis mostrar quién es Jesucristo, Centro y Señor de la historia: su vida y su misterio, y presentar la fe cristiana como seguimiento de su persona.
Histórico-bíblica
La catequesis debe apoyarse continuamente en los evangelios que son el corazón de toda la Escritura por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra hecha carne.
Pascual
El catecumenado bautismal institucionalizado por la Iglesia para conducir al catecúmeno por los sacramentos de iniciación cristiana constituye la base de la formación específica que lleva al convertido a la profesión de una fe bautismal en el misterio pascual de Cristo.
Eclesial
Aunque la catequesis transmite la fe en lenguajes culturales muy diferentes, el Evangelio que se entrega es uno solo, la confesión de fe es única y uno solo es el Bautismo.
Litúrgica
Cristo está siempre presente en su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgica (en los sacramentos). La liturgia es la cima de toda la acción evangelizadora, educadora de la fe y santificadora de la Iglesia. No hay ninguna otra acción de la Iglesia, por importante que sea, capaz de superar la importancia salvadora y santificadora de la liturgia.
Escatológica
Cristo nos enseña que la historia de la humanidad no camina hacia la nada, sino que con sus aspectos de gracia y de pecado, es en Él asumida para ser transformada. Ella, en su actual peregrinar hacia la casa del Padre, ofrece ya un bosquejo del mundo futuro, donde asumida y purificada, quedará plenamente consumada. La catequesis debe contener siempre un mensaje del más allá, vocación profunda y definitiva de todo hombre y de toda mujer, en continuidad y discontinuidad, a la vez con la situación presente.
Monseñor Carlos Sánchez Torres,
Director General ESPAC
